PDF pageEmail pagePrint page

EL MÉDICO DE LAS LÁGRIMAS

Cierto día, en un pequeño pueblo se encontraba PABLO, un pequeño niño de 10 años, de pelo negro y ojos azules, llorando al lado del ataúd de su madre, quién había fallecido el día antes.

PABLO, sin querer gritaba estaba tan confundido por no saber lo que pasaba, que el médico del pueblo se acercó y le dijo: -hijo no se que darte para curar tu corazón-, y PABLO contestó: -Solo quiero que me diga por qué murió mi madre.

En eso el médico se quedó pensativo, pues en verdad nunca supo la causa real, sólo le dijo: -tu madre murió de tristeza.

PABLO le preguntó: -¿cómo se muere de tristeza?, y el médico sin saber por qué le dijo: -se le secó el corazón.

En ese instante PABLO, dejó de llorar preguntándose cómo se secaba el corazón de una persona.

A la muerte de su madre, PABLO se fue a vivir con su abuela, una anciana muy dulce, la cual también se marcharía poco tiempo después.

Pero la anciana se encargaría de enseñar a PABLO, muchas cosas, primero le contó la historia del abandono de su padre, y como su madre nunca se recuperó.

Pero PABLO, le preguntaba, pero abuela yo nunca vi llorar a mi madre.

La abuela le responde: -hijo hay lagrimas calladas que nunca se escuchan o ven.

Y así PABLO, en silencio empezó a fijarse en todas las lágrimas de las personas, y notó muchas cosas, que nunca olvidaría al crecer.

La última vez que PABLO hablo con su abuela le dijo: -¿cómo es eso que a mi madre se le secó el corazón?-; antes PABLO, no había hecho esa pregunta por temor a que la causa de tal hecho, fuera su responsabilidad, pues los últimos días de su madre, él estaba a su cuidado y trataba de darle su madre, todo lo que el médico le había indicado.

PABLO, recordaba con preocupación que el día de su muerte, su madre no había querido tomar agua, y le dijo: -hijo, no puedo tragar, si el médico viene dile que ya tome agua hoy. Por ello él no sabía si era responsable de la muerte de su amada madre.

Su abuela al oír su preocupación le dijo: -el agua de las lagrimas no viene del estomago, sino del corazón.

-Por lo que el corazón de tu mama no se secó por tener sed, sino por no tener amor.

PABLO, se quedó pensativo, y al crecer se volvió un médico, y comenzó el estudio del corazón.

Años después de haber tenido corazones en sus manos, no vio nada que se conectara con las lagrimas o la soledad, y muchos menos que los sentimientos tuvieran relación con la muerte. Por lo que concluyó que lo dicho por el médico y su abuela, eran solo respuestas que le dieron para calmar su curiosidad.

Sin embargo, un día recordó algo que su memoria había borrado y que su madre antes de morir le dijo: -PABLO saborea tus lágrimas para que un día puedas entender el corazón de las personas.

Al recordar el sabor de sus lagrimas PABLO se dio cuenta, que el sabor de sus lagrimas que recordaba era muy distinta, habían algunas dulces, otras saladas, y decidió estudiar la composición de las lagrimas.

Preguntándose cómo podría estudiar las lágrimas, lo primero que hizo fue poner un letrero en su puerta comprando lágrimas por un precio de 1 moneda.

Al día siguiente, tocaron la puerta dos niños con las manos empapadas de sus lágrimas, PABLO, viendo la necesidad de los niños, los dejo pasar y conversó con ellos, éstos le contaron que vivían solos con su madre, y ésta se encontraba enferma, PABLO recordó su niñez, tomó su maletín y fue a la casa con los niños.

Al llegar a la casa, era muy humilde, eran muy pobres, una familia muy numerosa PABLO no solo le recetó tratamiento a la madre, sino que sacó dinero de su bolsillo, y dio a uno de los niños 10 monedas, en eso el niño no quería tomar el dinero, y PABLO le pregunta por que?, y el niño le responde: -Señor, no se cuenta lagrimas estaban en nuestras manos, y además se secaron, lo que me está dando es mucho, por lo poco que le dimos.

En eso PABLO viendo la madurez y honradez del niño, comenzó a llorar, y del dijo: -te pagó no por tus lágrimas, sino por las que sacaste de mí, pues no sabía que en mi corazón existieran esos sentimientos que de niño creía haber perdido.

Despidiéndose de la madre del pequeño, tomó su maletín y se fue a su casa, en el camino no paraba de llorar. Entonces pensó que para estudiar las lágrimas, tal vez primero debía empezar con las suyas. Pero apenas las quiso tomar, éstas desaparecieron, y como un cielo nublado cuando aparece el sol, sus ojos se despejaron.

Al llegar a su casa, vio a una joven mujer de cabello castaño, sentada en la puerta. Al preguntarle sobre que esperaba, esta sacó de su bolso un pequeño frasco, con unas pocas gotas en su interior.

PABLO, pensó que era un perfume, y le dijo no estar interesado, pero la mujer le corrigió: -son mis lagrimas, ¿las quiere comprar?

Viendo la tristeza de la mujer, PABLO, la hizo pasar, e intentó conversar con ella, la mujer le contó que su esposo la había abandonado, se fue un día diciendo que volvería y jamás regresó.

Pero PABLO, le extraño que con tanta tristeza, la mujer trajera esas pocas lagrimas, y no encontrando como indagar, le preguntó ¿Usted ha llorado mucho? Y la mujer le dijo:- aunque no lo crea no he podido llorar, hoy llore de alegría cuando vi su letrero, pues me di cuenta que a alguien le interesarían mis lagrimas, pero solo fueron unas pocas.

PABLO, no encontraba que decir, ante el escenario y colocando 5 monedas sobre la mesa, la mujer le dijo, pero por qué, tanto si he dado tan pocas.

PABLO, le dijo: -pero sus lágrimas son muy valiosas, y preguntó ¿qué piensas hacer? y ella dijo, de verdad no lo sé.

PABLO no sabía que decir, y le pidió que se quedara pues llovía y mañana podría marcharse.

La mujer dudó de la proposición, pero PABLO para calmarla, le dijo: -me ha entregado sus lágrimas que es lo más valioso, no tenga miedo que nada le pediré.

Durante toda la noche PABLO, conversó con la mujer, quién le contó sus sueños e ilusiones y PABLO, entendió que las lagrimas sin historia, eran como noches sin días, necesitaba de uno para entender el otro.

A la mañana siguiente la mujer, le dijo: -quería marcharme del pueblo antes de conocerte, ahora viendo tu bondad, sé que no debo huir, solo esperar, y sin saberlo mis lagrimas me condujeron a ti, y tu a la esperanza.

Al marcharse la mujer, PABLO comenzó un diario, en donde anotaría sus descubrimientos, hasta ahora no había anotado en el nada de valor científico, pero como había aprendido de otros valores.

De seguida llegó a su puerta una señora con un uniforme blanco acompañada de un hombre de apariencia muy humilde. Y después de saludar, le dijo al hombre: -coloca el recipiente en el piso.

El hombre colocó en el piso un recipiente de vidrio transparente, parecía muy pesado, y la mujer le preguntó: -¿cuánto usted, pagará por estas lagrimas?.

PABLO se quedó impactado por la presencia de tantas lagrimas y le surgieron en la mente tantas preguntas, ¿cómo había hecho para recabar tantas lagrimas?, ¿por qué no se secaban?, ¿de cuentas personas serían?.

En eso el rigor científico regresó a su mente.

Pero entonces se preocupó como contaría tantas lágrimas, Y cómo si le mujer le leyera el pensamiento, le dijo: -son 50 monedas.

PABLO escuchando a la mujer le dijo: -pero como sabe usted cuantas son, a mi me parece que son mucho más.

PABLO, le dijo: -déjeme buscar el dinero-, y en eso la mujer lo tomó por el brazo y le dijo:

-Yo no quiero el dinero, me han dicho que usted es muy buen médico, yo trabajo en el hospital, y el médico murió anoche, y por eso, he venido con estas lágrimas, para que usted los vea y con esos nos paga el precio.

PABLO, sorprendido dijo: -no hay problema, voy por el maletín, y ya la acompaño-, y así se dirigieron al hospital en el camino, iban conversando, la mujer no le daba la cara.

Al llegar al pequeño hospital improvisado, con enfermos en los pisos, y muy pocas enfermeras, fueron tres días que pasó PABLO, sin dormir atendiendo a todos los enfermos.

PABLO quedó complacido, al ver la dedicación de las enfermeras y el cariño de su atención. Durante los 3 días vio lágrimas de dolor, de alegría, de soledad, pues cada enfermo era una historia.

Al terminar ya su labores, acercándose la mujer que había requerido su ayuda, le dice: -doctor discúlpeme, pero yo lo he engañado, al morir nuestro medico, y no sabíamos que hacer, un niño llegó a la puerta hablando de usted, que compraba lagrimas, y a una de las enfermeras, se le ocurrió la idea de recolectar las lagrimas para pagar sus honorarios.

Pero cuando estuvimos todas las enfermeras de acuerdo, y empezamos a pasar por las camas a solicitar la ayuda de los enfermos, es increíble que ninguno quiso llorar. PABLO sonrió, y le dijo: -no se preocupe-, y entonces la mujer dijo: -estas personas han perdido tanto que sólo le quedan sus lagrimas, y no quisieron darlas.

PABLO en aquel momento entendió que las lágrimas son un tesoro del hombre, y el que ha sufrido tanto, es el que sabe administrarlas y valorarlas. Pues piensa que si se les agotan ya nada queda.

PABLO se detuvo en un cuarto solitario, y rápidamente escribió en su diario: “las lágrimas, son lo que antecede a la derrota o a la esperanza, por eso el hombre a veces no quiere llorar o no quiere parar de hacerlo”.

Ante tal hecho, PABLO se devolvió y pasando por cada una de las camas, dijo: -seré su médico si me lo permiten, pero quiero de cada uno una sonrisa. Ante tal petición, todos los enfermos sonrieron y quedaron agradecidos.

Ya habiéndose despedido de todos, PABLO le da un abrazo a la mujer y le dice: -gracias por permitirme ayudarte-, y sonriendo le dice: -solo quiero hacerle una pregunta, ¿el recipiente que me llevó de que está lleno entonces?.

La mujer le respondió:-de una pocas de mis lágrimas y la de las otras enfermeras que fueron solo unas gotas que pudimos juntar entre la desesperación, que solo mojaron el recipiente.

-Y no teniendo más nada que hacer, pusimos el recipiente en el altar y oramos a dios, y cuando cayó la lluvia de anoche se abrió una grieta en el techo, y un hilo de agua se deslizó sobre los ojos de la imagen de la virgen y se depositó en el recipiente. Discúlpeme que no se lo dije, pero pensé que era Dios ayudando.

PABLO, se quedó pensativo y para calmar a la mujer avergonzada le dijo: -no se preocupe que usted no mintió las lágrimas de lo alto, son más valiosas que las de los hombres.

Despidiéndose PABLO cansado llegó a su casa, y al percatarse vio la puerta abierta. Entró con cuidado y vio a un hombre que se llevaba el recipiente que le había dado la mujer del hospital.

Al verlo PABLO gritó: -deténgase-, y el hombre asustado soltó el recipiente. Enseguida PABLO tomó un arma que guardaba en un baúl de la entrada y lo apuntó.

Preguntándole que haces aquí el hombre se arrodillo, y empezó a gritar: no me mate por favor.

En eso PABLO viendo el susto del hombre bajo el arma. Y volvió a preguntarle qué haces aquí? El hombre respondió: -he venido a robar, viendo que usted compraba lagrimas pensé que tendría muchas, y que si usted las compraba habría alguien a quien vendérselas.

En eso PABLO quedó sorprendido, ya que no se imaginaba como alguien podría pretender robar algo como eso.

Simplemente lo dejo ir, el ladrón salió despavorido.

En esa noche PABLO ante tal hecho no pudo dormir, sólo escribió en su diario: “La avaricia le quita todo al hombre incluyendo sus lagrimas, pues ya no aparecen por sentimiento sino por interés”.

Esa noche PABLO durmió complacido por todo lo vivido en el hospital.

A la mañana siguiente, se despertó con la luz del sol, y al bajar a la sala de su casa se dio cuenta que no quedaban ni rastros del agua contenida en el recipiente, de verdad parecía como si fuesen lagrimas.

En ese momento, sintió que tocaban la puerta, y al abrir era un señor con aspecto muy elegante y serio. Que sin mediar palabra, le dijo: -señor mío le vendo este pañuelo es de mi esposa, tiene muchas lágrimas a lo largo de tiempo.

PABLO, de nuevo se encontró con otra disyuntiva, y es que el en su cartel no había especificado el estado de la lagrimas o donde debían encontrarse.

Pero PABLO, al observar al señor se dio cuenta, que se veía de buena posición, de hecho un carruaje lo esperaba, y le preguntó ¿para qué necesita el dinero?

El hombre le respondió: -no lo necesito, lo que necesito es un lugar donde dejar las lágrimas de la mujer que tanto ame, no puedo dejar de llorar si lo tengo, pero tampoco puedo arrojarlo. Pensé que si usted compraba lágrimas sabría qué hacer con ellas.

PABLO, sin nada que decir, aceptó el pañuelo, el señor se lo agradeció, y cuando entró a buscar las monedas, al salir ya el señor se había ido.

Entonces PABLO entendió que, las lágrimas se secan tan rápido porque el hombre sabe cómo sacarlas, pero después no sabemos qué hacer con ellas.

Al pasar de los días la fama de PABLO se expandía, ahora era visitado por otros médicos que buscaban indagar sobre sus estudios, y al leer su diario algunos salían cambiados y otros decepcionados, afirmando que era un farsante.

Pero los problemas llegaron para PABLO, fue citado a un juicio ya que, una parte del pueblo sentía que estaba comprando algo que no se podía vender, e incitando al sufrimiento de las personas.

Ya en el Tribunal, toma la palabra una señora y cuenta que un hombre tras engañar a una mujer había pretendido obtener sus lágrimas; por la descripción del hombre, PABLO recordó que era el ladrón que había entrado en su casa.

De seguida un niño había golpeado a una niña para que llorara, y vender sus lágrimas.

El Juez le dio el turno a PABLO, y éste comentó su investigación, y lo que había escrito en su diario.

El Juez escucho con atención e incluso, solicitó unos minutos para leer el diario de PABLO a solas.

Y llamando a PABLO, le dijo: -cómo puedo condenar al que me quito el peso más grande de mi vida?-, en ese instante PABLO recordó que era el hombre que le había dado el pañuelo y se había marchado.

Ambos se abrazaron, y el Juez le comenta: -querido amigo, he oído de tus hazañas y todo el bien que has hecho, pero lamentablemente la gente cuando sufre ataca lo que no comprende, huye de las lágrimas, aunque no entiende que las lágrimas son también de alegría.

-Pero lo que he aprendido, y algún día tu aprenderás en tu investigación, es que no sólo necesitas estudiar una manifestación del sentimiento humano, sino muchas, pues sin estudiaras las sonrisas, verías que muchas son lagrimas disfrazadas. A veces necesitamos más atención en la alegría que en la tristeza para que nuestros pasos no afecten a los otros, pues a diario veo y condeno a hombres que por extrema confianza y alegría hacen daño a los demás. Pero amigo no te puedo perdonar debo condenarte, y le pidió que se retirara del estrado.

Pasaron muchos minutos y el Juez no salía de despacho, PABLO no sabía que decir, la gente lo acechaba, en el fondo no era él, sino que de alguna manera él les recordaba algún sufrimiento, él se había convertido en la cara visible del dolor, que a nadie le gusta.

A los pocos minutos, el Juez regresa al estrado y pronuncia su sentencia: -después de haber estudiado el caso, encuentro al acusado culpable de comprar lágrimas que pertenecen al hombre, se escucharon gritos de satisfacción en la sala del tribunal. Por ello, lo condeno a recibir lágrimas de todo el que quiera entregarlas de forma gratuita, pero también a recibir sonrisas de forma gratuita por todo el tiempo que él viva en este pueblo. Pero las sonrisas y las lágrimas tendrán valor cuando PABLO, quiera aceptarlas como forma de pago de su consulta.

PABLO, al ver la sentencia, se le paso el susto y quedó muy complacido, pero parte de la gente del pueblo salió gritando de la sala del tribunal.

A los pocos días, PABLO sintió unos golpes en la puerta, y al abrir, nada vio pero escucho algo como un zumbido y cerró la puerta.

Cuando comenzada a caminar, de nuevo oyó unos pasos y al percatarse vio a alguien parado a su frente, era una aparición de un joven de blanca vestidura que, al verlo le dijo:

-Soy un Ángel, y en mi caminar por el mundo, nunca había visto a alguien poner precio a las lágrimas, y tengo la duda, si es una excusa para ayudar al que sufre, o es una forma de poner precio al sufrimiento del hombre.

PABLO se quedó abismado por la pregunta sorprendido de ahora enfrentar un juicio de un ángel, entendió que el terreno de los sentimientos del hombre es el más boscoso e

intrincado que existe, y que cualquier excursión a su interior despertara los más grandes temores y tendrá siempre muchas consecuencias.

PABLO, sólo le dijo al Ángel: -comencé creyendo que era una investigación y me he dado cuenta que, sólo es el camino a la compresión del amor.

Entonces el ángel, escuchando todo lo que había pasado, le dijo: -te daré el don de la sabiduría para que analices el corazón de los hombres.

Al escuchar al ángel, PABLO se dio cuenta que, desde el día que murió su madre había llorado una sola vez, a pesar de haberlo necesitado, pero recordó las palabras de su abuela que hay lagrimas calladas, y entendió que había llorado por mucho tiempo, pero hoy al entender los sentimientos del hombre había parado de llorar por primera vez.

El Angel antes de despedirse tomo su mano y le dijo: -recuerda, haz estudiado las lágrimas del hombre, pero te faltan las lágrimas del alma.

PABLO, se quedó conmovido, estupefacto, pues nunca había pensado en eso, e inquirió al ángel una respuesta, ¿he visto llorar al hombre, pero no he visto llorar al alma?.

El Ángel le dijo: -las lágrimas del alma se esconden en la palabra, en las acciones y en las vidas sucesivas del hombre. Por ello debes estudiar cada paso del hombre, incluyendo, la reencarnación, pues a través de las vidas lloramos para reparar nuestros errores. Pero las lágrimas del alma, a diferencia de las del hombre no se secan, se extienden a nuevas vidas en donde se transforman en ríos que dan perdón al hombre y en camino que abren senderos a Dios.

Pablo quedo agradecido por la sabiduría recibida, y entendió que lo que la había permitido entender su noble anhelo, no eran sus conocimientos, sino su corazón.

Al terminar con el Angel, habiéndose difundido su historia en el pueblo, todos los días iban personas, ya no con intención de vender, robar, sino a buscar el consuelo de sus sentimientos y empezar un nuevo camino, volviéndose PABLO, un sabio consejero, logró sanar muchas almas, y se volvió el hombre más querido y bueno del pueblo.

Desde ese día PABLO, puso en su puerta un letrero que decía “el médico de las lágrimas”, y más abajo decía: “el precio de la consulta es una lagrima, si has llorado ya has pagado, y si sientes no haber llorado es que Dios ha pagado por ti”.

EL PARALÍTICO

Hace mucho tiempo atrás, en la época en que Jesús de Nazaret andaba por el planeta Tierra, había un hombre que deseaba mucho ser curado. (1)

Él era paralítico y vivía en una choza en la ciudad de Cafarnaun y hasta la familia lo había abandonado, cansada de tener que cuidar de él todo el tiempo.

Ese paralítico oyó hablar de un profeta que curaba a las personas, sin distinción: fueran ciegos, sordos, mudos, paralíticos y hasta leprosos. Muchos ya habían sido curados por Él, y el paralítico sentía inmenso deseo de ser también curado por el tal profeta.

Cierto día el paralítico supo que Jesús había llegado en barco a la ciudad y pidió a un amigo que lo llevara hasta donde el profeta estaba.

El amigo así lo hizo. Como sería imposible a él, solo, transportar el paralítico, convenció a tres amigos más a ayudarlo. Así, en el catre que le servía de cama, cada uno cogiendo de un lado, consiguieron cargar al paralítico y salieron a buscar a Jesús. Preguntando aquí y allí, supieron donde el profeta estaba y, de nuevo ánimo, llegaron hasta la casa.

Pero, al aproximarse, el paralítico se llenó de tristeza. ¡El lugar estaba repleto de personas que rodeaban la casa en la esperanza de ver a Jesús! Todos estaban allí por el mismo motivo.

Los amigos pedían que abrieran camino al paralítico que deseaba ser curado por Jesús, pero la multitud reaccionaba, y un hombre gritó irritado:

— ¿Qué tiene él de diferente que nosotros? También queremos ver al profeta y ser curados por Él. ¡Si ese paralítico tiene tanta prisa, que llegara antes!

Y otro agregó:

— Cuando aquí llegamos, la casa ya estaba repleta y tuvimos que contentarnos con quedar aquí en la calle. ¡Y cada vez llega más gente!…

Pero el paralítico no desistía. Y era tan grande su deseo de ser curado por Jesús que algunas personas se conmovieron y resolvieron ayudarlo. ¡Pero nadie sabía que hacer!

Hasta que alguien más experto sugirió:

— ¡Si él no puede entrar por la puerta, que entre por el tejado!

Surgieron carcajadas de todos los lados, pero otro hombre viejito consideró:

— ¡Sí, es posible! ¡Es sólo hacer un hueco en el tejado y bajarlo hasta el suelo de la casa!

Lleno de renovadas esperanzas, el paralítico aceptó la sugerencia.

Y así hicieron. Los cuatro hombres, con ayuda de algunas personas de buena voluntad, levantaron el lecho y, abriendo una parte del tejado, cogiendo con paños, pudieron bajar al paralítico hasta donde Jesús estaba, con gran espanto de todos los que se agrupaban dentro de la casa, y que lo oían.

Al ver al hombre que fuera bajado con la cama por el tejado, a la vista de la fe que él y los que lo ayudaron habían demostrado, Jesús dijo:

— Hombre, perdonados son tus pecados.

Entonces, algunos escribas (hombres que entre los judíos eran doctores de la ley y también escribanos y copistas de textos) que estaban sentados allí cerca pensaban consigo mismos:

— ¿Por qué habla así este hombre? ¡Esto es un insulto! ¿Quién puede perdonar los pecados no es Dios solamente?

Jesús, que hubo oído el pensamiento de ellos, preguntó:

— ¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil perdonar los pecados del paralítico o decir: Levántate, toma tu lecho y anda?

Entonces, para mostrar que Él tenía el poder de perdonar pecados sobre la Tierra, dijo al paralítico:

— Levántate, toma tu lecho y ve para tu casa.

Entonces, el hombre se levantó lleno de alegría, tomó el lecho y se retiró a la vista de todos.

La multitud, perpleja, glorificaba a Dios, diciendo:

— ¡Nunca vimos cosa semejante!

En aquel momento, todos los que allí estaban se llenaron de esperanza, de alegría y de fe, pues aquel hombre llamado Jesús sólo podría ser un enviado de Dios para ayudar, enseñar, orientar y curar a los hombres en la Tierra.

Y un gran sentimiento de veneración los envolvió, al reconocer, en Jesús, el Salvador que por tanto tiempo el pueblo judío había aguardado.

Esa historia nos muestra que, cuando tenemos realmente deseo de conseguir alguna cosa, nosotros lo conseguiremos. Aunque nos parezca imposible, si buscamos una salida, la conseguiremos, pues nada hay que nos sea imposible con el amparo de Dios.

¿Cuántas cosas nosotros ya aprendimos y que nos parecían imposibles? ¡Ciertamente tú no te acuerdas, pero el hecho de conseguir equilibrarte en las dos piernas y andar solo fue difícil! ¿Te acuerdas de las caídas que tuviste hasta conseguir andar en una bicicleta de dos ruedas? ¿Con patines, de skate? ¡Cuántas piernas arañadas, cuantos dolores! Pero, hoy, tú andas con seguridad y sueñas un día poder andar en una moto, ¿no es así?

Entonces, cuando estés preocupado con un examen en la escuela, desesperado por creer que no sabes nada, y que “nunca” conseguirás mejorar en aquella materia, piensa en Dios y pide ayuda, que ella no te faltará.

Sin embargo, no basta pedir, es preciso también actuar, como el paralítico de la historia. Esforzarse para resolver el problema que lo separa de aquello que desea, usando su determinación, su voluntad y su coraje para vencer.

¡Imagina la situación de aquel paralítico! Para él no fue fácil dejarse conducir para arriba. ¡Piensa en el miedo y en la inseguridad que él sintió al ser levantado hasta el tejado de la casa! ¿Y si él se cayera de la cama? Su situación quedaría peor. ¿Si no fuese bien, si los compañeros no aguantaran su peso? ¿Y si no consiguiesen descenderlo del techo hasta el suelo de la casa? Ciertamente, él tendría muchas dudas, y la mayor de ellas: ¿Y si el profeta, después de todo, se negara a curarlo?

Pero él resistió a todo y siguió adelante, con coraje y determinación, consiguiendo lo que tanto quería: la cura.

Así, jamás dudes de aquello que deseas. Si fuera bueno para ti, usa tu fe, tu confianza para conseguir lo que quieres, y el Señor te bendecirá, pues Jesús aún afirmó:

“Si tuvieras fe del tamaño de un grano de mostaza, diréis a esta montaña: Transpórtate de ahí para allí y ella se transportará, y nada te será imposible”.

Jesús nos habla de la montaña — un gran obstáculo —, pero que por nuestra fe — aún pequeña — conseguiremos desplazar, pues esa montaña son las dificultades, las resistencias, la mala voluntad, finalmente, todo lo que nos separa de aquello que deseamos realizar.

Entonces, coraje, fe y determinación. ¡Así, con ayuda de Dios, tú vencerás siempre!

MEIMEI

(1) Texto basado en el Evangelio de Marcos, capítulo 2, versículos 1 a 12, y en el Evangelio de Lucas, capítulo 5, versículos 17 a 26, psicografiado por la médium Célia Xavier de Camargo, en Rolândia-PR.

 

La limosna de la viuda

Resultado de imagen de obolo de la viuda

Mientras la madre hacía su tarea doméstica, el niño, que estaba aprendiendo a leer, curioso, cogió un libro y fue pasando las páginas. De repente, él paró en una hoja y preguntó:

— Mamá, ¿qué es óbolo?

La señora dejó lo que estaba haciendo y explicó:

— Óbolo, Joel, es una oferta, una limosna, una dádiva de valor pequeño. ¿Entendiste?

— ¡Ah! ¡Entendí. ¿Y viuda?

— Viuda es una mujer que perdió al marido y no se casó de nuevo. Tú estás leyendo la lección que se llama “El Óbolo de la Viuda”, ¿no es?

— ¿Tú lo conoces, madre? Entonces sabe también lo que es ga… zo… fi… ¡Vaya!…  ¡Mira! Que palabra difícil.

— Gazofilácio era una especie de cofre que había en el Templo de Jerusalén, donde se colocaban las limosnas — la madre respondió, hallándolo gracioso.

— ¡Mamá, tú eres muy sabida! — exclamó el niño, admirado.   

 Entonces, la madre se sentó cerca del hijo y fue ayudándolo a leer y entender el texto evangélico, que habla sobre el día que Jesús fue al Templo y, sentado cerca de la caja de las limosnas, observaba como las personas colocaban su ofrenda dentro de ella. Los que eran ricos daban mucho dinero, pero una pobre viuda dio sólo dos pequeñas monedas. Y Jesús, llamando la atención de los discípulos, dijo que, en verdad, más había dado aquella viuda que todos los otros, porque ellos habían dado de lo mucho que tenían, pero la viuda había dado todo lo que tenía, y todo lo que le restaba para su sustento.

Cuando la madre acabó de explicar al hijo, él mostró que había entendido:

— Mamá, Jesús dice que la gente debe hacer el bien y amar a todas las personas, ¿no es?

Entoncés, Jesús debe haber quedado muy contento con la viuda pobre.

— Sí, hijo mío. Y Jesús deja claro que, para Dios, lo que realmente vale es el sentimiento con que hacemos una buena acción. Así, para Dios, tienen más valor las dos pequeñas monedas de la viuda, que todo el dinero que los ricos dieron para ser vistos y admirados por el pueblo.

El niño quedó pensativo por algunos instantes, después volvió a preguntar:

— ¿Mamá, y yo? ¡También quiero ayudar a los otros, pero no tengo ni dos moneditas!

La madre quedó emocionada con la preocupación del hijo.

— Joel, para Jesus, como tú viste, es más importante el motivo por el cual hacemos algo. Así, no te preocupes por poseer nada de material. Tú tienes algo mucho más importante  quedar a las personas: el amor de tu corazoncito. Entonces, piensa con el corazón, y cuando creas que debes ayudar a alguien, ayuda. Puede ser alguien en la escuela, en la calle, un animalito perdido… ¿Entendiste?

Animado, Joel abrió mucho los ojos y balanceó la cabeza, mostrando que había entendido. A la hora de dormir, se acostó pensando en el asunto y pidió a Jesus que lo enseñara a ayudar, a ser útil a las personas.

Al día siguiente, Joel despertó, se arregló y, al entrar en la cocina, vio a la madre toda atareada. Ella había perdido la hora y corría preparando el café de la familia, pues tenía hora marcada con un médico.

— No te preocupes, mamá. Yo coloco la mesa, después hago el sandwich y el zumo para  Ritinha. ¡Ah! Y también puedo llevarla para la escuela — la tranquilizó el niño.

La madre lo agradeció y corrió para arreglar a la pequeña Rita, que acababa de despertar. 

Joel hizo todo bien y después fue a tomar su desayuno. La hermanita se sentó, él le preparó la leche y el pan, que ella comió. Enseguida, él cogió las sandwicheras y ambos se despidieron de la madre, yendo para la escuela.

En la clase, un compañero tuvo dificultad para entender la materia y Joel, sentándose más cerca de él, lo ayudó.

En el recreo, se sentó para comer el sandwich y vio a una niña llorando. Se aproximó para saber lo que estaba ocurriendo; ella respondió, enjugando las lágrimas:

— Mi madre está enferma y oí a papá decir que ella va a ser operada. ¡Tengo miedo!

— No llores. Confía que Jesús va a ayudar a tu madre y ella inmediatamente quedará buena. Ahora, come tu sandwich antes que acabe el recreo — dijo Joel, abrazando a la pequeña y consolándola.

— No traje sandwich hoy. Lo olvidé — respondió la niña.

— Bueno. Entonces, voy a poder repartir mi sandwich contigo. No tengo hambre aún — dijo Joel, contento.

Él partió el sandwich en dos y echó la mitad del zumo en el vasito, que entregó a la chica, quedando con lo que había restado en la botella. Tras comer el sandwich, la niña miró para él, agradecida:

— Gracias. ¡Tu sandwich estaba muy bueno, pero ni sé tu nombre! El mío es Dora.

Joel dijo el nombre de él, pero no dio para continuar conversando, pues tocó la señal.

Había terminado el recreo y ellos tenían que volver para la sala, pero estaban felices.  

En la calle, Joel aún encontró un pajarito que había caído del nido y vio a una pajarita que debería ser la madre, pues estaba inquieta. Sin pensar dos veces, él dejó la mochila, lo subió y lo recolocó en el lugar, junto a la madrecita, que batía las alas, agradecida.     

En la hora del almuerzo, el padre preguntó al hijo como fue su mañana. Joel dijo animado:

— Fue buena, papá. Hoy yo di el óbolo de la viuda.

— ¡¿El qué?!… — indagó el padre, sin entender.

Intercambiando una mirada de complicidad con la madre, él sonrió.

— ¡Mamá entendió lo que yo dije! Después yo te lo explico mejor. Hoy voy a hacer la oración.

Y, delante de los padres, admirados, Joel dijo:

— Querido Jesús yo Te agradezco por esta mañana tan importante y por las oportunidades que tuve que ejercitar tu lección. ¡Gracias!

 

MEIMEI

(Recebida por Célia X. de Camargo, em Rolândia-PR, aos 29/4/2012.)

El paraíso y el infierno

cielo e infiernoEL PARAISO Y EL INFIERNO

 

Un viejo sabio estaba sentado en el borde de un camino, con los ojos cerrados, las piernas cruzadas y las manos sobre las rodillas.

De pronto, su meditación se ve interrumpida por la voz potente y agresiva de un guerrero.

“Oye viejo, dime a qué se parecen el paraíso y el infierno!!!”.

El sabio no manifiesta el principio ninguna reacción. Luego, poco a poco, abre los ojos y esboza una sonrisa ante el guerrero que tiene ante él, cada vez más impaciente y agitado.

“¿Deseas conocer los secretos del paraíso y del infierno? ¿Tú, con ese aspecto miserable, esas botas y ropas fangosas? ¿Con ese pelo áspero, aliento fétido, espada oxidada? Tú, que eres tan feo, ¿te atreves a pedirme que te hable del paraíso y del infierno?”.

Ciego de rabia, el guerrero lo insulta, desenvaina su espada y la alza por encima de la cabeza del anciano. Tiene el rostro sofocado, las venas del cuello hinchadas por la furia, y se dispone a degollar al sabio.

“Eso es el infierno”, le dice suavemente el anciano.

El guerrero para en seco su gesto y se queda boquiabierto de estupefacción, de respeto, de compasión ante aquel hombre que ha arriesgado su vida para transmitirle esa enseñanza.

Los ojos se le llenan de lágrimas de amor de gratitud.

“Y eso es el paraíso”, concluye el anciano.

El servidor negligente

5277259-carpintero-de-mascotas-y-celebraci-n-de-juntas-de-una-sierraA la puerta de una gran carpintería, llegó un joven, con una caja a cuestas, en busca de empleo. Parecía humilde y educado.

El director de la institución compareció, atento, para atenderlo.

– ¿Tiene algún servicio con el que me pueda favorecer? – Indagó el joven, respetuoso, después de los saludos habituales.

– Las tareas son muchas – Elucidó el jefe.

– ¡Oh! ¡Por favor! – Volvió a decir el interesado – mis viejos padres necesitan de amparo. He tocado, en vano, la puerta de varias oficinas. Nadie me socorre. Me contentaré con un salario reducido y aceptaré el horario que deseen.

El director, con calma, acentuó: – Trabajo no falta…Y mientras el candidato mostraba una sonrisa de esperanza, añadió: – ¿Trae sus herramientas en orden?

– Perfectamente – Respondió el interpelado.

– Veámoslas.

El joven abrió la caja que traía. Daba pena mirarle los instrumentos. La suela se hallaba deformada por gruesa herrumbre. El serrucho mostraba varios dientes quebrados. El martillo tenía el cabo incompleto. El alicate estaba francamente desajustado. Los diversos formones no atenderían a ningún ruego del servicio, tal era la imperfección que presentaban en sus filos. Polvo espeso recubría todos los objetos.

El dirigente de la oficina observó…observó…y dijo, desencantado: – Para el señor, no tenemos ningún trabajo.

– ¡Oh! ¿Por qué? – interrogó el joven en tono de súplica.

El director esclareció, sin irritación: – Si el señor no tiene cuidado con las herramientas que le pertenecen, ¿cómo preservará nuestras máquinas? Si es indiferente en aquello de lo que debe sentirse honrado, ¿llegará a ser útil a los intereses ajenos? Quien no cuida atentamente de lo “poco” que dispone, no es digno de recibir lo “mucho”.

Aprenda a cuidar las cosas aparentemente sin importancia. Por las muestras, grandes negocios se realizan en el mundo, y el menosprecio para consigo es un indeseable muestrario de su indiferencia perniciosa. Aproveche la experiencia y vuelva más tarde.

No valieron los pedidos del mozo necesitado. Fue compelido a retirarse, muy abatido, aprendiendo la dura lección.

 

Así también acontece en el camino común.

Quien desee el cuerpo iluminado y glorioso en la espiritualidad, más allá de la muerte, cuide respetuosamente del cuerpo físico. Quien aspira a la compañía de los Ángeles, muestre buenas maneras, buenas palabras y buenas acciones a los vecinos. Quien espera la cosecha de alegrías en el futuro, aproveche la hora presente, en la siembra del bien.

Y cuantos sueñen con el cielo, traten de hacer un camino de elevación en la misma tierra.

 

Alborada Cristiana – Espíritu Neio Lúcio, psicografía Francisco Cândido Xavier.

El encuentro inesperado

 O encontro inesperado

El encuentro inesperado  

Há muito, muito tempo atrás, existiu um menino que era muito pobre. Vestia-se de andrajos e morava com seus pais numa humilde choupana. Muitas vezes a alimentação era insuficiente, pois seu pai era lenhador e ganhava pouco com seu trabalho.

niñoHace mucho, mucho tiempo atrás, existió un niño que era muy pobre. Se vestía de andrajos y vivía con sus padres en una humilde choza. Muchas veces la alimentación era insuficiente, pues su padre era leñador y ganaba poco con su trabajo.

O garoto apreciava música, pois era dono de um temperamento sensível e afetuoso, e sonhava em possuir um pífano, espécie de flauta muito usada na época. Mas, por ser muito pobre, ele sabia que seu pai nunca poderia lhe comprar um pífano.

El chico apreciaba la música, pues era dueño de un temperamento sensible y afectuoso, y soñaba en poseer una flauta pequeña, especie de flauta muy usada en la época. Pero, por ser muy pobre, él sabía que su padre nunca podría comprarle una.

Apesar isso, André não se desesperava. Continuava a auxiliar o pai em suas tarefas com dedicação e otimismo.

A pesar eso, André no se desesperaba. Continuaba ayudando al padre en sus tareas con dedicación y optimismo.

Sonhava também em conhecer o Messias, que, diziam, viria para derrubar os romanos e construir o Reino de Deus na Terra.

Soñaba también en conocer al Mesías, que, decían, vendría para derrumbar a los romanos y construir el Reino de Dios en la Tierra.

Leer mas….

André até ouvira dizer que ele já fora visto e, com o coração repleto de emoção, o menino sonhava com o dia em que se encontraria com Ele, o salvador dos judeus.

André hasta había oído decir que él ya fuera visto y, con el corazón repleto de emoción, el niño soñaba con el día en que se encontraría con Él, el salvador de los judíos.

Certo dia, André internara-se na mata em busca de lenha. O sol já estava a pino e ele sentia-se faminto e exausto de tanto caminhar.

Cierto día, André se había metido en el bosque en busca de leña. El sol ya estaba arriba y él se sentía hambriento y exhausto de tanto caminar.

Sentou-se num tronco à sombra de uma árvore e abriu a mochila para ver o que sua mãe mandara para ele comer.

Se sentó en un tronco a la sombra de un árbol y abrió la mochila para ver lo que su madre había puesto para él comer.

Nisso, ouviu o ruído de folhas secas e leves passos que se aproximavam. A princípio, viu apenas os pés, sujos sob as alpercatas simples de couro e cobertas pelo pó das estradas. Deveria ter andado muito.

En eso, oyó el ruido de hojas secas y leves pasos que se aproximaban. A principio, vio sólo los pies, sucios bajo las sandalias simples de cuero y cubiertas por el polvo de los caminos. Debería haber andado mucho.

André elevou os olhos e viu um homem vestido com uma túnica rústica de algodão. Seus cabelos eram repartidos ao meio, à nazarena, e caíam-lhe sobre os ombros. No semblante calmo que irradiava paz, dois olhos azuis o fitavam.

André elevó los ojos y vio a un hombre vestido con una túnica rústica de algodón. Sus cabellos estaban repartidos por la mitad, a lo nazareno, y le caían sobre los hombros. En el semblante tranquilo que irradiaba paz, dos ojos azules él miraba.

O menino sentiu uma emoção diferente ao ver aqueles olhos lúcidos e tristes.

El niño sintió una emoción diferente al ver aquellos ojos lúcidos y tristes.

O desconhecido estendeu a mão, de dedos longos e finos, e tocou-lhe a cabeça.

El desconocido extendió la mano, de dedos largos y finos, y le tocó la cabeza.

Comovido sem saber o porquê, André convidou-o para sentar-se.

Conmovido sin saber el por qué, André lo invitó para sentarse.

— Senhor, deve estar cansado. A julgar pelo estado de suas sandálias, presumo que deve ter percorrido longas distâncias.

— Señor, debe estar cansado. A juzgar por el estado de sus sandalias, presumo que debe haber recorrido largas distancias.

O homem concordou com leve sorriso, e sentou-se.

El hombre estuvo de acuerdo con una leve sonrisa, y se sentó.

André percebeu que o estranho pousou o olhar em sua mochila, e disse:

André percibió que el extraño posó la mirar en su mochila, y dijo:

— O senhor deve estar faminto. Tenho aqui alguma coisa para comer que minha mãe colocou. Vamos repartir.

— El señor debe estar hambriento. Tengo aquí alguna cosa para comer que mi madre colocó. Vamos a repartir.

Abriu o embornal e, enfiando a mão, encontrou apenas um pedaço de pão duro.

Abrió el saco y, metiendo la mano, encontró sólo un pedazo de pan duro.

Seus olhos encheram-se de lágrimas. “Pobre mãezinha — pensou —, nada mais tinha para lhe oferecer a não ser um pedaço de pão amanhecido.”

Sus ojos se llenaron de lágrimas. “Pobre madrecita — pensó —, nada más tenía para ofrecerle a no ser un pedazo de pan del día anterior.”

Titubeou. Se desse o pão para o desconhecido, ficaria sem nada. E estava com tanta fome! Mas foi um segundo só. Com decisão, tirou o pedaço de pão da mochila e estendeu a mão oferecendo-o ao estranho.

Titubeó. Si diese el pan para el desconocido, se quedaría sin nada. ¡Y andaba con tanta hambre! Pero fue un segundo sólo. Con decisión, cogió el pedazo de pan de la mochila y extendió la mano ofreciéndolo al extraño.

— Tome. Pode comer. Não estou com fome. Fiz uma refeição antes de sair de casa e pretendo voltar logo.

— Tome. Puede comer. No tengo hambre. Hice una comida antes de salir de casa y pretendo volver inmediatamente.

O homem pegou o pedaço de pão e comeu-o devagar. Ao terminar, disse ao garoto:

El hombre cogió el pedazo de pan y lo comió despacio. Al terminar, dijo al chico:

— Tem bom coração, André.

— Tienes buen corazón, André.

— Como sabe meu nome? — perguntou, surpreso.

— ¿Cómo sabe mi nombre? — preguntó, sorprendido.

— Não importa. Você saciou a minha fome e não se arrependerá. Meu Pai que está nos céus saberá recompensá-lo.

— No importa. Tú saciaste mi hambre y no te arrepentirás. Mi Padre que está en los cielos sabrá recompensarte.

Levantou-se e disse com doçura:

Se levantó y dijo con dulzura:

— E não se esqueça, meu filho. Faça sempre aos outros o que gostaria que os outros lhe fizessem, e será feliz.

— Y no te olvides, hijo mío. Haz siempre a los otros lo que te gustaría que los otros te hicieran, y serás feliz.

O garoto viu o estranho que se afastava e gritou:

El chico vio al extraño que se alejaba y gritó:

— Nem sei como se chama, senhor!

— ¡No sé cómo se llama, señor!

Mas o desconhecido já desaparecera numa curva do caminho.

Pero el desconocido ya había desaparecido en una curva del camino.

André apressou-se em voltar para casa. Só então percebeu que não sentia mais fome; estava saciado. Queria contar aos pais o encontro que tivera e que tanto o impressionara.

André se apresuró en volver para casa. Sólo entonces notó que no sentía más hambre; estaba saciado. Quería contar a los padres el encuentro que hubo tenido y que tanto lo había impresionado.

Lá chegando, viu o pai todo sorridente vir ao seu encontro:

Allá llegando, vio al padre todo sonriente venir a su encuentro:

— Deus é muito bom, meu filho! Nossos problemas terminaram. Consegui um serviço que vai nos render um bom dinheiro!

— ¡Dios es muy bueno, mi hijo! Nuestros problemas terminaron. ¡Conseguí un trabajo que va a rendirnos un buen dinero!

E, tirando um objeto das dobras da túnica, completou:

Y, quitando un objeto de las dobles de la túnica, completó:

— Trouxe-lhe um presente que encontrei à beira da estrada. Veja!

— Te traje un regalo que encontré al borde de la carretera. ¡Mira!

Era um lindo pífano!

¡Era una linda flauta pequena!

O garoto, radiante, agradeceu efusivamente ao pai e, tocando as primeiras notas no instrumento, lembrou-se do desconhecido que encontrara naquela manhã e, sem saber a razão, sentiu que devia todas aquelas bênçãos a Ele.

El chico, radiante, agradeció efusivamente al padre y, tocando las primeras notas en el instrumento, se acordó del desconocido que había encontrado en aquella mañana y, sin saber la razón, sintió que debía todas aquellas bendiciones a Él.

                                                                           TIA CÉLIA 

EL HOMBRE QUE PERDONABA…

Hace muchos años, vivía un hombre que era capaz de amar y perdonar a todos los que encontraba en su camino. Por esta razón, Dios envió a un ángel para que hablara con él.
perdon-Dios me pidió que viniera a visitarte y que te dijera que Él quiere recompensarte por tu bondad – dijo el ángel. Cualquier gracia que desees, te será concedida. ¿Te gustaría tener el don de curar? -De ninguna manera – respondió el hombre – prefiero que el propio Dios elija a aquellos que deben ser curados.

-¿Y qué te parecería atraer a los pecadores hacia el camino de la verdad?

-Esa es una tarea para ángeles como tú. Yo no quiero que nadie me venere ni tener que dar el ejemplo todo el tiempo.

-No puedo volver al cielo sin haberte concedido un milagro. Si no eliges, te verás obligado a aceptar uno. El hombre reflexionó un momento y terminó por responder: -Entonces, deseo que el Bien se haga por mi intermedio, pero sin que nadie se dé cuenta – ni yo mismo, que podría pecar de vanidoso.

Y el ángel hizo que la sombra del hombre tuviera el poder de curar, pero sólo cuando el sol estuviese dándole en el rostro. De esta manera, por dondequiera que pasaba, los enfermos se curaban, la tierra volvía a ser fértil y las personas tristes recuperaban la alegría.

El hombre caminó muchos años por la Tierra sin darse cuenta de los milagros que realizaba porque cuando estaba de frente al sol, tenía a su sombra atrás. De esta manera, pudo vivir y morir sin tener conciencia de su propia santidad.

Paulo Coelho

CUIDADO CON LOS RECUERDOS…

recuerdosLlego a Madrid a las ocho de la mañana. Me voy a quedar apenas algunas horas, no tiene sentido telefonear a los amigos  o arreglar algún encuentro. Resuelvo caminar solo por lugares que me gustan y termino fumando un cigarrillo en un banco del parque Retiro.

-Usted parece que no está aquí –me dijo un anciano, sentándose a mi lado.

-Estoy aquí –respondo. –Sólo que doce años atrás, en 1986. Sentado en este mismo banco con un amigo pintor, Anastasio Ranchal. Los dos estamos mirando a mi mujer, Christina, que bebió más de la cuenta y hace como que baila flamenco.

-Aproveche –dijo el anciano. –Pero no se olvide de que el recuerdo es como la sal: en la cantidad adecuada le da sabor a la comida; pero si se exagera, estropea el alimento. Quien vive demasiado en el pasado, gasta su presente en recordar.

Paulo Coelho

EL PRÍNCIPE FELIZ

En la parte más alta de la ciudad, sobre una gran columna, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz.
Estaba toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada.
Por todo lo cual era muy admirada.

principelefeliz-Es tan hermoso como una veleta -observó uno de los miembros del Concejo que deseaba granjearse una reputación de conocedor en el arte- . Ahora, que no es tan útil -añadió, temiendo que le tomaran por un hombre poco práctico, cosa que, en realidad, no era.
-¿Por qué no eres como el Príncipe Feliz? -preguntaba una madre cariñosa a su hijito, que pedía la luna-. El Príncipe Feliz no hubiera pensado nunca en pedir nada a voz en grito.
-Me hace dichoso ver que hay en el mundo alguien que es completamente feliz -murmuraba un hombre fracasado, contemplando la estatua maravillosa.
-Verdaderamente parece un ángel -decían los niños hospicianos al salir de la catedral, vestidos con sus soberbias capas escarlatas y sus bonitas chaquetas blancas.
-¿En qué lo conocéis -replicaba el profesor de matemáticas- si no habéis visto uno nunca?
-¡Oh! Los hemos visto en sueños -respondieron los niños.

Y el profesor de matemáticas fruncía las cejas, adoptando un severo aspecto, porque no podía aprobar que unos niños se permitiesen soñar.
Una noche voló una golondrinita sin descanso hacia la ciudad. Seis semanas antes habían partido sus amigas para Egipto; pero ella se quedó atrás.
Estaba enamorada del más hermoso de los juncos. Lo encontró al comienzo de la primavera, cuando volaba sobre el río persiguiendo a una gran mariposa amarilla, y su talle esbelto la atrajo de tal modo, que se detuvo para hablarle.

Leer mas….

-¿Quieres que te ame? -dijo la Golondrina, que no se andaba nunca con rodeos.
Y el Junco le hizo un profundo saludo.
Entonces la Golondrina revoloteó a su alrededor rozando el agua con sus alas y trazando estelas de plata.
Era su manera de hacer la corte. Y así transcurrió todo el verano.
-Es un enamoramiento ridículo -gorjeaban las otras golondrinas-. Ese Junco es un pobretón y tiene realmente demasiada familia.

Y en efecto, el río estaba todo cubierto de juncos.
Cuando llegó el otoño, todas las golondrinas emprendieron el vuelo. Una vez que se fueron sus amigas, sintióse muy sola y empezó a cansarse de su amante.

-No sabe hablar -decía ella-. Y además temo que sea inconstante porque coquetea sin cesar con la brisa.
Y realmente, cuantas veces soplaba la brisa, el Junco multiplicaba sus más graciosas reverencias.
-Veo que es muy casero -murmuraba la Golondrina-. A mí me gustan los viajes. Por lo tanto, al que me ame, le debe gustar viajar conmigo.
-¿Quieres seguirme? -preguntó por último la Golondrina al Junco. Pero el Junco movió la cabeza. Estaba demasiado atado a su hogar.
-¡Te has burlado de mí! -le gritó la Golondrina-. Me marcho a las Pirámides. ¡Adiós!

Y la Golondrina se fue.
Voló durante todo el día y al caer la noche llegó a la ciudad.

-¿Dónde buscaré un abrigo? -se dijo-. Supongo que la ciudad habrá hecho preparativos para recibirme.
Entonces divisó la estatua sobre la columna.

-Voy a cobijarme allí -gritó- El sitio es bonito. Hay mucho aire fresco.
Y se dejó caer precisamente entre los pies del Príncipe Feliz.
-Tengo una habitación dorada -se dijo quedamente, después de mirar en torno suyo.

Y se dispuso a dormir.
Pero al ir a colocar su cabeza bajo el ala, he aquí que le cayó encima una pesada gota de agua.

-¡Qué curioso! -exclamó-. No hay una sola nube en el cielo, las estrellas están claras y brillantes, ¡y sin embargo llueve! El clima del norte de Europa es verdaderamente extraño. Al Junco le gustaba la lluvia; pero en él era puro egoísmo.

Entonces cayó una nueva gota.

-¿Para qué sirve una estatua si no resguarda de la lluvia? -dijo la Golondrina-. Voy a buscar un buen copete de chimenea.

Y se dispuso a volar más lejos. Pero antes de que abriese las alas, cayó una tercera gota. La Golondrina miró hacia arriba y vio… ¡Ah, lo que vio!
Los ojos del Príncipe Feliz estaban arrasados de lágrimas, que corrían sobre sus mejillas de oro.
Su faz era tan bella a la luz de la luna, que la Golondrinita sintióse llena de piedad.

-¿Quién sois? -dijo.
-Soy el Príncipe Feliz.
-Entonces, ¿por qué lloriqueáis de ese modo? -preguntó la Golondrina- . Me habéis empapado casi.
-Cuando estaba yo vivo y tenía un corazón de hombre -repitió la estatua-, no sabía lo que eran las lágrimas porque vivía en el Palacio de la Despreocupación, en el que no se permite la entrada al dolor. Durante el día jugaba con mis compañeros en el jardín y por la noche bailaba en el gran salón. Alrededor del jardín se alzaba una muralla altísima, pero nunca me preocupó lo que había detrás de ella, pues todo cuanto me rodeaba era hermosísimo. Mis cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz y, realmente, era yo feliz, si es que el placeres la felicidad. Así viví y así morí y ahora que estoy muerto me han elevado tanto, que puedo ver todas las fealdades y todas las miserias de mi ciudad, y aunque mi corazón sea de plomo, no me queda más recurso que llorar.

«¡Cómo! ¿No es de oro de ley?», pensó la Golondrina para sus adentros, pues estaba demasiado bien educada para hacer ninguna observación en voz alta sobre las personas.

-Allí abajo -continuó la estatua con su voz baja y musical-, allí abajo, en una callejuela, hay una pobre vivienda. Una de sus ventanas está abierta y por ella puedo ver a una mujer sentada ante una mesa.

Su rostro está enflaquecido y ajado. Tiene las manos hinchadas y enrojecidas, llenas de pinchazos de la aguja, porque es costurera. Borda pasionarias sobre un vestido de raso que debe lucir, en el próximo baile de corte, la más bella de las damas de honor de la Reina. Sobre un lecho, en el rincón del cuarto, yace su hijito enfermo. Tiene fiebre y pide naranjas. Su madre no puede darle más que agua del río. Por eso llora. Golondrina, Golondrinita, ¿no quieres llevarla el rubí del puño de mi espada? Mis pies están sujetos al pedestal, y no me puedo mover.

-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mis amigas revolotean de aquí para allá sobre el Nilo y charlan con los grandes lotos. Pronto irán a dormir al sepulcro del Gran Rey. El mismo Rey está allí en su caja de madera, envuelto en una tela amarilla y embalsamado con sustancias aromáticas. Tiene una cadena de jade verde pálido alrededor del cuello y sus manos son como unas hojas secas.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita – dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás conmigo una noche y serás mi mensajera? ¡Tiene tanta sed el niño y tanta tristeza la madre!

-No creo que me agraden los niños -contestó la Golondrina-. El invierno último, cuando vivía yo a orillas del río, dos muchachos mal educados, los hijos del molinero, no paraban un momento en tirarme piedras. Claro es que no me alcanzaban. Nosotras las golondrinas, volamos demasiado bien para eso y además yo pertenezco a una familia célebre por su agilidad; mas, a pesar de todo, era una falta de respeto.

Pero la mirada del Príncipe Feliz era tan triste que la Golondrinita se quedó apenada.

-Mucho frío hace aquí -le dijo-; pero me quedaré una noche con vos y seré vuestra mensajera.
-Gracias, Golondrinita -respondió el Príncipe.

Entonces la Golondrinita arrancó el gran rubí de la espada del Príncipe y llevándolo en el pico, voló sobre los tejados de la ciudad. Pasó sobre la torre de la catedral, donde había unos ángeles esculpidos en mármol blanco.

Pasó sobre el palacio real y oyó la música de baile.
Una bella muchacha apareció en el balcón con su novio.

-¡Qué hermosas son las estrellas -la dijo- y qué poderosa es la fuerza del amor!

-Querría que mi vestido estuviese acabado para el baile oficial – respondió ella-. He mandado bordar en él unas pasionarias ¡pero son tan perezosas las costureras!

Pasó sobre el río y vio los fanales colgados en los mástiles de los barcos. Pasó sobre el ghetto y vio a los judíos viejos negociando entre ellos y pesando monedas en balanzas de cobre.

Al fin llegó a la pobre vivienda y echó un vistazo dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camita y su madre habíase quedado dormida de cansancio.

La Golondrina saltó a la habitación y puso el gran rubí en la mesa, sobre el dedal de la costurera. Luego revoloteó suavemente alrededor del lecho, abanicando con sus alas la cara del niño.

-¡Qué fresco más dulce siento! -murmuró el niño-. Debo estar mejor. Y cayó en un delicioso sueño.
Entonces la Golondrina se dirigió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz y le contó lo que había hecho.
-Es curioso -observa ella-, pero ahora casi siento calor, y sin embargo, hace mucho frío.

Y la Golondrinita empezó a reflexionar y entonces se durmió. Cuantas veces reflexionaba se dormía.

Al despuntar el alba voló hacia el río y tomó un baño.

-¡Notable fenómeno! -exclamó el profesor de ornitología que pasaba por el puente-. ¡Una golondrina en invierno!

Y escribió sobre aquel tema una larga carta a un periódico local. Todo el mundo la citó. ¡Estaba plagada de palabras que no se podían comprender!…

-Esta noche parto para Egipto -se decía la Golondrina.

Y sólo de pensarlo se ponía muy alegre.
Visitó todos los monumentos públicos y descansó un gran rato sobre la punta del campanario de la iglesia.

Por todas parte adonde iba piaban los gorriones, diciéndose unos a otros:
-¡Qué extranjera más distinguida!
Y esto la llenaba de gozo. Al salir la luna volvió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz.
-¿Tenéis algún encargo para Egipto? -le gritó-. Voy a emprender la marcha.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás otra noche conmigo?

-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mañana mis amigas volarán hacia la segunda catarata. Allí el hipopótamo se acuesta entre los juncos y el dios Memnón se alza sobre un gran trono de granito. Acecha a las estrellas durante la noche y cuando brilla Venus, lanza un grito de alegría y luego calla. A mediodía, los rojizos leones bajan a beber a la orilla del río. Sus ojos son verdes aguamarinas y sus rugidos más atronadores que los rugidos de la catarata.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, allá abajo, al otro lado de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla. Está inclinado sobre una mesa cubierta de papeles y en un vaso a su lado hay un ramo de violetas marchitas. Su pelo es negro y rizoso y sus labios rojos como granos de granada. Tiene unos grandes ojos soñadores. Se esfuerza en terminar una obra para el director del teatro, pero siente demasiado frío para escribir más. No hay fuego ninguno en el aposento y el hambre le ha rendido.

-Me quedaré otra noche con vos -dijo la Golondrina, que tenía realmente buen corazón-. ¿Debo llevarle otro rubí?

-¡Ay! No tengo más rubíes -dijo el Príncipe-. Mis ojos es lo único que me queda. Son unos zafiros extraordinarios traídos de la India hace un millar de años. Arranca uno de ellos y llévaselo. Lo venderá a un joyero, se comprará alimento y combustible y concluirá su obra.

-Amado Príncipe -dijo la Golondrina-, no puedo hacer eso. Y se puso a llorar.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te pido.

Entonces la Golondrina arrancó el ojo del Príncipe y voló hacia la buhardilla del estudiante. Era fácil penetrar en ella porque había un agujero en el techo. La Golondrina entró por él como una flecha y se encontró en la habitación.

El joven tenía la cabeza hundida en sus manos. No oyó el aleteo del pájaro y cuando levantó la cabeza, vio el hermoso zafiro colocado sobre las violetas marchitas.

-Empiezo a ser estimado -exclamó-. Esto proviene de algún rico admirador. Ahora ya puedo terminar la obra.

Y parecía completamente feliz.

Al día siguiente la Golondrina voló hacia el puerto.

Descansó sobre el mástil de un gran navío y contempló a los marineros que sacaban enormes cajas de la cala tirando de unos cabos.

-¡Ah, iza! -gritaban a cada caja que llegaba al puente.

-¡Me voy a Egipto! -les gritó la Golondrina. Pero nadie le hizo caso, y al salir la luna, volvió hacia el Príncipe Feliz.

-He venido para deciros adiós -le dijo.

-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -exclamó el Príncipe-. ¿No te quedarás conmigo una noche más?

-Es invierno -replicó la Golondrina- y pronto estará aquí la nieve glacial. En Egipto calienta el sol sobre las palmeras verdes. Los cocodrilos, acostados en el barro, miran perezosamente a los árboles, a orillas del río. Mis compañeras construyen nidos en el templo de Baalbeck. Las palomas rosadas y blancas las siguen con los ojos y se arrullan. Amado Príncipe, tengo que dejaros, pero no os olvidaré nunca y la primavera próxima os traeré de allá dos bellas piedras preciosas con que sustituir las que disteis. El rubí será más rojo que una rosa roja y el zafiro será tan azul como el océano.

-Allá abajo, en la plazoleta -contestó el Príncipe Feliz-, tiene su puesto una niña vendedora de cerillas. Se le han caído las cerillas al arroyo, estropeándose todas. Su padre le pegará si no lleva algún dinero a casa, y está llorando. No tiene ni medias ni zapatos y lleva la cabecita al descubierto. Arráncame el otro ojo, dáselo y su padre no le pegará.

-Pasaré otra noche con vos -dijo la Golondrina-, pero no puedo arrancaros el ojo porque entonces os quedaríais ciego del todo.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te mando.

Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe y emprendió el vuelo llevándoselo.

Se posó sobre el hombro de la vendedorcita de cerillas y deslizó la joya en la palma de su mano.

-¡Qué bonito pedazo de cristal! -exclamó la niña, y corrió a su casa muy alegre.

Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe.

-Ahora estáis ciego. Por eso me quedaré con vos para siempre.
-No, Golondrinita -dijo el pobre Príncipe-. Tienes que ir a Egipto.
-Me quedaré con vos para siempre -dijo la Golondrina.

Y se durmió entre los pies del Príncipe. Al día siguiente se colocó sobre el hombro del Príncipe y le refirió lo que habla visto en países extraños. Le habló de los ibis rojos que se sitúan en largas filas a orillas del Nilo y pescan a picotazos peces de oro; de la esfinge, que es tan vieja como el mundo, vive en el desierto y lo sabe todo; de los mercaderes que caminan lentamente junto a sus camellos, pasando las cuentas de unos rosarios de ámbar en sus manos; del rey de las montañas de la Luna, que es negro como el ébano y que adora un gran bloque de cristal; de la gran serpiente verde que duerme en una palmera y a la cual están encargados de alimentar con pastelitos de miel veinte sacerdotes; y de los pigmeos que navegan por un gran lago sobre anchas hojas aplastadas y están siempre en guerra con las mariposas.

-Querida Golondrinita -dijo el Príncipe-, me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso aún es lo que soportan los hombres y las mujeres. No hay misterio más grande que la miseria. Vuela por mi ciudad, Golondrinita, y dime lo que veas.

Entonces la Golondrinita voló por la gran ciudad y vio a los ricos que se festejaban en sus magníficos palacios, mientras los mendigos estaban sentados a sus puertas.

Voló por los barrios sombríos y vio las pálidas caras de los niños que se morían de hambre, mirando con apatía las calles negras. Bajo los arcos de un puente estaban acostados dos niñitos abrazados uno a otro para calentarse.

– ¡Qué hambre tenemos! -decían.
-¡No se puede estar tumbado aquí! -les gritó un guardia.

Y se alejaron bajo la lluvia.
Entonces la Golondrina reanudó su vuelo y fue a contar al Príncipe lo que había visto.

-Estoy cubierto de oro fino -dijo el Príncipe-; despréndelo hoja por hoja y dáselo a mis pobres. Los hombres creen siempre que el oro puede hacerlos felices.

Hoja por hoja arrancó la Golondrina el oro fino hasta que el Príncipe Feliz se quedó sin brillo ni belleza.

Hoja por hoja lo distribuyó entre los pobres, y las caritas de los niños se tornaron nuevamente sonrosadas y rieron y jugaron por la calle.

-¡Ya tenemos pan! -gritaban.

Entonces llegó la nieve y después de la nieve el hielo.

Las calles parecían empedradas de plata por lo que brillaban y relucían. Largos carámbanos, semejantes a puñales de cristal, pendían de los tejados de las casas. Todo el mundo se cubría de pieles y los niños llevaban gorritos rojos y patinaban sobre el hielo.

La pobre Golondrina tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe: le amaba demasiado para hacerlo.

Picoteaba las migas a la puerta del panadero cuando éste no la veía, e intentaba calentarse batiendo las alas.

Pero, al fin, sintió que iba a morir. No tuvo fuerzas más que para volar una vez más sobre el hombro del Príncipe.

-¡Adiós, amado Príncipe! -murmuró-. Permitid que os bese la mano.

-Me da mucha alegría que partas por fin para Egipto, Golondrina -dijo el Príncipe-. Has permanecido aquí demasiado tiempo. Pero tienes que besarme en los labios porque te amo.

-No es a Egipto adonde voy a ir -dijo la Golondrina-. Voy a ir a la morada de la Muerte. La Muerte es hermana del Sueño, ¿verdad? Y besando al Príncipe Feliz en los labios, cayó muerta a sus pies.

En el mismo instante sonó un extraño crujido en el interior de la estatua, como si se hubiera roto algo.

El hecho es que su corazón de plomo se había partido en dos. Realmente hacia un frío terrible.

A la mañana siguiente, muy temprano, el alcalde se paseaba por la plazoleta con dos concejales de la ciudad.

Al pasar junto al pedestal, levantó sus ojos hacia la estatua.

-¡Dios mío! -exclamó-. ¡Qué andrajoso parece el Príncipe Feliz!

-¡Sí, está verdaderamente andrajoso! -dijeron los concejales de la ciudad, que eran siempre de la opinión del alcalde.

Y levantaron ellos mismos la cabeza para mirar la estatua.

-El rubí de su espada se ha caído y ya no tiene ojos, ni es dorado – dijo el alcalde- En resumidas cuentas, que está lo mismo que un pordiosero.

-¡Lo mismo que un pordiosero! -repitieron a coro los concejales.

-Y tiene a sus pies un pájaro muerto -prosiguió el alcalde-. Realmente habrá que promulgar un bando prohibiendo a los pájaros que mueran aquí.

Y el secretario del Ayuntamiento tomó nota para aquella idea. Entonces fue derribada la estatua del Príncipe Feliz.

-¡Al no ser ya bello, de nada sirve! -dijo el profesor de estética de la Universidad.

Entonces fundieron la estatua en un horno y el alcalde reunió al Concejo en sesión para decidir lo que debía hacerse con el metal.

-Podríamos -propuso- hacer otra estatua. La mía, por ejemplo.

-O la mía -dijo cada uno de los concejales.

Y acabaron disputando.

-¡Qué cosa más rara! -dijo el oficial primero de la fundición-. Este corazón de plomo no quiere fundirse en el horno; habrá que tirarlo como deshecho.

Los fundidores lo arrojaron al montón de basura en que yacía la golondrina muerta.

-Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad -dijo Dios a uno de sus ángeles.

Y el ángel se llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.

-Has elegido bien -dijo Dios-. En mi jardín del Paraíso este pajarillo cantará eternamente, y en mi ciudad de oro el Príncipe Feliz repetirá mis alabanzas.

Oscar Wilde

 

CUENTO DE NAVIDAD

Cuenta una antigua y conocida leyenda que tres cedros habían nacido en lo que alguna vez fueron los hermosos bosques del Líbano. Como todos sabemos, los cedros demoran mucho tiempo en crecer y estos árboles pasaron siglos enteros pensando sobre la vida, la muerte, la naturaleza y los hombres.
Presenciaron la llegada de una expedición de Israel, enviada por Salomón, y más tarde vieron la tierra cubierta de sangre durante las batallas con los asirios. Conocieron a Jezabel y al profeta Elías, enemigos mortales. Asistieron a la creación del alfabeto, y se deslumbraron con las caravanas que pasaban llenas de telas de colores.

arton247Un buen día decidieron conversar sobre el futuro.

-Después de todo lo que he visto -dijo el primer árbol- quiero ser transformado en el trono del rey más poderoso de la tierra.
-A mí me gustaría ser parte de algo que transformara para siempre el Mal en Bien – comentó el segundo.
-Por mi parte querría que cada vez que me vieran pensaran en Dios -fue la respuesta del tercero.

Pasó algún tiempo más y vinieron los leñadores. Los cedros fueron derribados y un barco los transportó lejos.
Cada uno de aquellos árboles tenía un deseo, pero la realidad nunca pregunta qué hacer con los sueños; el primero sirvió para construir un refugio de animales, y las sobras se usaron para apoyar el heno. El segundo árbol se convirtió en una mesa muy simple, que pronto fue vendida a un comerciante de muebles. Como la madera del tercer árbol no encontró compradores, fue cortada y colocada en el almacén de una ciudad grande.

Leer mas….

Infelices, ellos se lamentaban: “Nuestra madera era buena, y nadie encontró algo hermoso donde utilizarla.”
Pasó algún tiempo más y, en una noche llena de estrellas, un matrimonio que no lograba encontrar refugio decidió pasar la noche en el establo que había sido construido con la madera del primer árbol. La mujer gritaba, con dolores de parto, y terminó dando a luz ahí mismo, y colocó a su hijo entre el heno y la madera que lo apoyaba.

En aquel momento, el primer árbol entendió que su sueño se había cumplido: allí estaba el más importante de todos los reyes de la Tierra.
Años después, en una casa modesta, varios hombres se sentaron a la mesa que había sido construida con la madera del segundo árbol. Uno de ellos, antes que todos comenzaran a comer, dijo algunas palabras sobre el pan y el vino que tenía frente a él.

Y el segundo árbol entendió que, en aquel momento, sustentaba no sólo un cáliz y un pedazo de pan, sino la alianza entre el hombre y la Divinidad.

Al día siguiente, retiraron dos pedazos del tercer cedro, y los colocaron en forma de cruz. Los dejaron botados en un rincón y horas después trajeron a un hombre brutalmente herido, a quién clavaron en aquellos leños. Horrorizado, el cedro lamentó la herencia bárbara que la vida le había dejado.

Antes que tres días pasaran, sin embargo, el tercer árbol entendió su destino: el hombre que ahí estuvo clavado era la luz que todo iluminaba. La cruz hecha con su madera había dejado de ser un símbolo de tortura, para transformarse en señal de victoria.

Como siempre ocurre con los sueños, los tres cedros del Líbano habían cumplido el destino que deseaban – pero no de la manera que imaginaron que sería.

Paulo Coelho

Amor insuficiente

En nuestras vidas, frecuentemente lidiamos con muchas cosas sin importancia. Solamente cuando pasamos por alguna experiencia verdaderamente profunda es que reconocemos los verdaderos valores y lo que de hecho es esencial. Y entonces percibimos que muchos de nuestros problemas y preocupaciones, los cuales tenemos como muy importantes, son en la verdad, triviales.

amor-insuficienteYo ya he experimentado ese sentimiento. Compré una guitarra nueva y me fui muy contento hasta el Castillo donde trabajaba. El portero me dijo: “Una niña está subiendo en la barandilla del puente, y lo veo muy peligroso!” “Dónde?”, pregunté. Y indicando a través del sistema de monitoreo con cameras, al frente del portón, dijo: “Ve, aquí está.” Ví la niña subir en la barandilla. Estaba girando de forma anormal hacia bajo, entonces alcancé ver su rostro. Su rostro era lo de un ser humano que había perdido todo. En este momento, vi la faz de un suicida.
En pocos segundos me encontraba en frente al portón, pero ya demasiado tarde. Ella había saltado hacia bajo. Yo solamente alcancé ver su cuerpo inerte estirado en el hielo, 10 metros hacia bajo. El portero salió y empezó a lamentar, pero en estos momentos yo ya estaba escalando la pared del Castillo. Algunas personas me gritaban que era peligroso, pero seguí bajando la pared de piedra. Me incliné sobre el cuerpo de la niña – quién todavía respiraba.

Leer mas….

Delicadamente la toque y pregunté: “Estas viva?” La respuesta fue confirmada por sus palabras tranquilas pero con miedo. “Por que todavía no muero?”
La tristeza me penetró tan profundamente, que me causó gran piedad y amor. Nunca he sido tan amable y encantador con alguien antes. Cogí su abrigo y lo puso entre su cabeza herida y el piso helado. Impensadamente examiné su cuerpo buscando magullamiento. Felizmente, apenas tenia las manos con sangre, pero ella no estaba sangrando, entonces no dí ninguna atención a eso. Solamente más tarde percibí que las heridas en sus manos eran marcas de su tentativa de cortar los pulsos, probablemente con un pedazo de vidrio, pero que de alguna forma no ha logrado. Tal vez hubiera sido por esa razón que intentara terminar su sufrimiento saltando de aquella altura.
Percibí el coraje da la niña de 14 años y mi compasión y amor por ella se ha tornado aún más intenso. Nunca he amado tanto antes, nadie había necesitado esta intensidad de amor todavía.
La ambulancia llegó en aproximadamente media hora. Entonces la rutina del trabajo y algunas preguntas sin sentido se iniciaron. Terminó la escena.
Igualmente se acabó mi placer con la nueva guitarra. Si la niña precisase de tala, yo estaba dispuesto a romper el brazo de mi guitarra. Hasta la música ha perdido su valor.
Yo estaba deprimido, incapaz de hacer cualquier cosa. No podría volver a la vida normal – su significado se había perdido.
Mientras esperaba el bus, escuchaba dos niñas conversando. Conversaban seriamente sobre su problema: buscar un lugar para divertirse en la noche. Después de un tiempo decidí caminar, porque no podía mas soportar su charla. Su problema parecía ser trivial y sin sentido. Tardé tres días hasta que pudiera regresar a la vida normal. Pero ya no era la misma persona. Mis valores personales existentes desmoronaron y yo he criado nuevos; no podía mas vivir como antes.
Más tarde me enteré que la niña hubiera sido adoptada por una familia Cristiana, pero su vida probablemente no fue un mar de rosas. Yo sentía que ella no tenia amor lo suficiente, lo que resultó en su intento en cometer suicidio. Quedó claro que las palabras dulces no podrían substituir la falta de amor, en la misma forma que se preocupan con las condiciones ambientales.
Y a final, cómo ha terminado? Ella se caso con un amigo mio, tienen un hijo y viven felices en el amor. Yo lo descubrí solamente por acaso, cuando él me contó que su esposa una vez había intentado el suicidio. Yo no le conté nada a él, pues las palabras no podían expresar mi alegría y felicidad por la vida, que ha regresado a ella. Es verdad: la vida sin amor es vacía y sin valor…

Infância Espiritual-Infancia Espiritual

Redação do Momento Espírita
Redacción del Momento Espírita

É muito famosa a passagem evangélica na qual Jesus afirma: Deixai que venham a mim as criancinhas.
Es muy famoso el pasaje evangélico en el cual Jesús afirma: Dejad que vengan a mí los niños.

O Mestre divino aproveitava as menores ocorrências da vida para ministrar sublimes lições.
El Maestro divino aprovechaba los menores hechos de la vida para suministrar sublimes lecciones.

A primeira idéia que se extrai da passagem refere-se à imagem de pureza que as crianças apresentam.
La primera idea que se extrae del pasaje se refiere a la imagen de pureza que los niños presentan.

Sendo todas elas Espíritos que já encarnaram inúmeras vezes, algumas são mais bondosas e puras do que outras.
Siendo todos ellos Espíritus que ya encarnaron numerosas veces, algunos son más bondadosos y puros que otros.

Mas a candura é inerente à infância, a fim de inspirar nos adultos os cuidados necessários ao atendimento de sua
fragilidade.
Pero la candidez es inherente a la infancia, a fin de inspirar en los adultos los cuidados necesarios a la atención de
su fragilidad.

Justamente desse aspecto de fragilidade surge uma importante lição das palavras de Jesus.
Justamente de ese aspecto de la fragilidad surge una importante lección de las palabras de Jesús.

As crianças necessitam de orientação e cuidados.
Los niños necesitan de orientación y cuidados.

Elas são frágeis e impressionáveis.
Ellos son frágiles e impresionables.

Quem convive com crianças necessita de uma certa dose de abnegação, a fim de gastar o tempo necessário ensinando-as e amparando-as em suas dificuldades.
Quien convive con niños necesita de una cierta dosis de abnegación, a fin de gastar el tiempo necesario enseñándoles y amparándoles en sus dificultades.

Leer mas….

Ocorre que a fragilidade material que caracteriza a infância é bastante breve.
Ocurre que la fragilidad material que caracteriza la infancia es bastante breve.

Há outro gênero de fragilidade bem mais duradoura e penosa.
Hay otro género de fragilidad mucho más duradera y penosa.

Trata-se da infância espiritual das criaturas.
Se trata de la infancia espiritual de las criaturas.

Os Espíritos que habitam o planeta Terra não se encontram todos no mesmo nível evolutivo.
Los Espíritus que habitan el planeta Tierra no se encuentran todos en el mismo nivel evolutivo.

Muitos deles já compreendem seus deveres essenciais em face da vida.
Muchos de ellos ya comprenden sus deberes esenciales en la fase de la vida.

Sabem que é impossível construir a própria felicidade sobre a desgraça alheia.
Saben que es imposible construir la propia felicidad sobre la desgracia ajena.

Entendem que não há felicidade sem paz e nem paz sem consciência tranqüila.
Entienden que no hay felicidad sin paz y ni paz sin conciencia.

Assim, jamais se permitem fazer o mal ao próximo.
Así, jamás se permiten hacer el mal al prójimo.

Quem já internalizou o respeito à lei divina atingiu a maturidade espiritual.
Quien ya interiorizó el respeto a la ley divina alcanzó la madurez espiritual.

Entretanto, uma parcela muito substancial dos Espíritos vinculados à Terra permanece infantil, sob esse aspecto.
Mientras tanto, una parcela muy sustancial de los Espíritus vinculados a la Tierra permanece infantil, bajo ese aspecto.

Eles apresentam no mundo, muitas vezes, uma imagem odiosa.
Ellos presentan en el mundo, muchas veces, una imagen odiosa.

Não importa a posição social que ocupem, sua fragilidade moral sempre se evidencia.
No importa la posición social que ocupen, su fragilidad moral siempre se evidencia.

Onde quer que estejam, buscam levar vantagem, às custas dos outros.
Donde quiera que estén, buscan tener ventaja, a costa de los otros.

Se poderosos e sofisticados, envolvem-se em vergonhosas negociatas.
Si son poderosos y sofisticados, se envuelven en vergonzosos negocios.

Se pobres, também lesam o próximo, embora em menor grau.
Si son pobres, también hieren al prójimo, aunque en menor grado.

Embora suscitem muita antipatia, na verdade são lamentáveis, em sua inconsistente moral.
Aunque susciten mucha antipatía, en verdad son lamentables, en su inconsistente moral.

Seus atos apartados da ética lhes preparam dias de dor e decepção.
Sus actos apartados de la ética les preparan días de dolor y decepción.

Afinal, a Lei Divina é perfeita e ninguém jamais a consegue burlar.
Al final, la Ley Divina es perfecta y nadie jamás la consigue burlar.

* * *

A respeito desses irmãos infantilizados, convém refletir sobre a mensagem de Jesus.
Al respecto de esos hermanos infantiles, conviene reflexionar sobre el mensaje de Jesús.

Não é digno do cristão o desejo de exterminar quem segue na retaguarda.
No es digno del cristiano el deseo de exterminar a quien sigue por detrás.

Todos somos ovelhas do rebanho do Cristo e nenhum de nós se perderá.
Todos somos ovejas del rebaño del Cristo y ninguno de nosotros se perderá.

É preciso corrigir esses irmãos e deter os seus atos, inclusive para que não se atolem em seus desatinos.
Es preciso corregir a esos hermanos y detener sus actos, inclusive para que no se degraden en sus desatinos.

Mas nunca devemos odiá-los ou abandoná-los.
Pero nunca debemos odiarlos o abandonarlos.

Ainda mais do que as crianças, eles necessitam de orientação.
Aun más que los niños, ellos necesitan de orientación.

Pensemos nisso.
Piense en eso.

Los tres cedazos de Sócrates

Un día, el viejo sabio Sócrates caminaba por las calles, cuando de repente un hombre corre en su dirección y dice:

“Sócrates, tengo que contarte algo sobre mi amigo que…..”los-tres-cedazos-de-socrates
“Espera”,-lo interrumpe Sócrates-: “¿La historia que tú estas por contarme, la has pasado por los tres cedazos?”
“¿Los tres cedazos?” -pregunta el hombre-: “¿Cuáles son los tres cedazos?”
“Intentémoslo”, dice Sócrates.
“El primer cedazo es el de la verdad. ¿Tú averiguaste si lo que estás por contarme es verdad?” -pregunta, Sócrates-.
“Bueno, no. Solamente lo oí”- contesta el hombre.
“Ah, bien, entonces vamos para el segundo cedazo, el de lo bueno.”. ¿“Es algo bueno lo que estás por contarme?”
“Humm… no, al contrario”, -contesta el hombre-.
“Humm”… -dijo el hombre sabio-:”Entonces vamos a utilizar el tercer cedazo. ¿Es realmente necesario que me cuentes lo que estás diciendo así tan agitado?”
“No, no es necesario”, -dice el hombre.
“Bueno”, -dice Sócrates, sonriendo-, “Sí la historia que me estás por contar no es verdadera, buena o necesaria, simplemente olvídala, y no me moleste más con eso”.

Conversación entre dos niños

En el vientre de una mujer embarazada se encontraban dos bebés.

El primero pregunta al otro:conversacion-entre-dos-ninos
-¿Tú crees en la vida después del nacimiento?
-Claro que sí. Algo debe existir después del nacimiento. Tal vez estamos aquí porque necesitamos nos preparar para lo que seremos más tarde.
-¡Tonterías! No hay vida después del nacimiento. ¿Cómo sería realmente esa vida?
-No lo sé exactamente, pero seguramente habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y nos alimentemos por la boca.

Leer mas….

-¡Esto es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer con la boca? ¡Eso es totalmente ridículo! El cordón umbilical es por dónde nos alimentamos. Yo te digo solamente una cosa: la vida después del nacimiento está excluida. El cordón umbilical es demasiado corto.
-Yo creo que seguramente hay algo. Tal vez sea sólo un poco distinto a lo que estamos acostumbrados a tener aquí.
-Pero nadie nunca ha vuelto de allá, después del nacimiento. El parto apenas encierra la vida. Y al final de cuentas, la vida no es nada más que la angustia prolongada en la oscuridad.
-Bueno, no sé exactamente cómo será después del nacimiento, pero seguro veremos a la mamá y ella nos cuidará.
-¿Mamá? ¿Tú crees en mamá? ¿Y dónde crees tú que ella esté?
-¿ Dónde? ¡En todo nuestro alrededor! En ella y a través de ella es que vivimos. Sin ella todo esto no existiría.
-¡Yo no creo! Nunca he visto ninguna mamá, por lo tanto es lógico que no exista ninguna.
-Bueno, pero a veces cuando estamos en silencio, tú puedes oírla cantando, o sentir como acaricia nuestro mundo. Sabes, yo pienso que hay una vida real que nos espera y que ahora solamente estamos preparándonos para ella…..

EL BAMBÚ JAPONÉS

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego.También es obvio que quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita sea!

boske-bambu2Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarseDurante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo. Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante. En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que en tanto no bajemos los brazos, ni abandonemos por no “ver” el resultado que esperamos, si está sucediendo algo dentro nuestro: estamos creciendo, madurando.

Leer mas….

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice. El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros. Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia. Tiempo…

Cómo nos cuestan las esperas, qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos… Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chofer del taxi… nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien por qué…

Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés…

¿Para qué? Te propongo tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación. Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizá solo estés echando raíces…

EL PADRE QUE QUERÍA VER A JESÚS

Había un padre que oraba constantemente, pidiendo ver a Jesús, para que Dios le concediese esa gracia. Él y los demás padres que residían en el convento, eran muy piadosos y caritativos y atendían siempre a los necesitados. Todos los días, a las tres de la tarde, los portones del convento eran abiertos al son de unas campanadas y los pobres entraban hacia el patio a fin de ser atendidos en sus necesidades.

20091211-jesucristo 09 divina misericordiaUn día, después del almuerzo, el buen padre nuevamente oró a Dios, pidió, como siempre hacía, la oportunidad de ver a Jesús, conversar con Él, aunque fuese un poquito. Estaba arrodillado, cuando percibió que su pequeñita celda quedó totalmente iluminada y Jesús se apareció. El padre bien viejito, no cabía en sí mismo por su gran alegría y felicidad. Imagínelo a él allí con Jesús. Iba entonces a conversar con el Maestro, cuando las campanadas del convento sonaron como de costumbre, llamando a todos los padres para socorrer y ayudar a los hermanos infelices. El padre vaciló por un instante, no sabiendo si debía irse o quedarse allí con Jesús. Pero…., resolvió ir pues debía atender a su prójimo.

Leer mas….

Se fue entonces con el corazón triste, pues se decía a sí mismo, que cuando volviese ya no encontraría a Jesús allí, pero … pensando en el trabajo que debía hacer, resolvió dejar a Jesús sentado en su celda y cumplir con sus obligaciones. Atendió a todos con el mismo amor y bondad de siempre y cuando se retiraron todos, el padre volvió a su celda. Venía con el corazón acongojado por no haber podido estar con Jesús, pero cuando llegó a su celda, la vio todavía más iluminada que antes y espantado también se sorprendió al ver Jesús que esperaba por Él.

Llorando, feliz y agradecido, se tiró a los pies de Jesús y entre lágrimas dijo:

– ¿¿Maestro, estás aquí ?? ¿No te fuiste todavía….. ? ¿Esperaste todo este tiempo por mí ?

Y Jesús pasando sus manos compasivas por sus cabellos blancos le respondió tiernamente:

– Hermano querido, si tú al oír las campanas llamándote a las obligaciones con aquellos que sufren, hubieses permanecido aquí, habría sido Yo el que me hubiera ido.

Moraleja: Jesús quiere que todos nosotros amemos el trabajo, nuestras obligaciones diaria, en fin… nuestras responsabilidades delante de la vida.

HISTORIA DE UNA ESPIGA

espigaEn un amplio trigal
Cuyas mieses
El sol iba dorando en silencio,
Una espiga crecía arrogante
Muy cargada de hechizos, y ensueños…
Y era esbelta, y gallarda, y muy alta
Y tan buena que todo su anhelo,
Lo cifraba en crecer y adentrarse
De este modo en la Gloria del Cielo.
¡Pero ver lo que paso!…
Una tarde de estío
Se presenta por allí un labriego
Y con hoz despiadada, y ceñuda
Fue segando el precioso elemento.
¡A mi no, le decía!…
La hermosa espiguita del cuento
¡A mi no!, porque estoy destinada
En mi tallo elevarme hasta el Cielo…
Pero el hombre, tal vez distraído
La derriba de un golpe certero,
Y los granos de toda la espiga
En un saco al molino se fueron.
¿No me escuchas?…Señor… ¿no me escuchas?
Mira, mira, mi bien lo que han hecho…
Pero arriba, seguirán callando
Y aquí abajo, seguirán moliendo,
Con la espiga que tanto ha rodado,
Una harina finísima hicieron
Y a la Custodia de una pequeña Iglesia
Se fue la hermosa espiguita del cuento
“Yo, anhelaba tenerte a mi lado
Y decirte lo mucho que te quiero,
Pero mira mí bien, a mis brazos,
Solo puede llegarse sufriendo”

Anónimo

LA REUNIÓN DE LOS ANIMALES

En cierta ocasión, en un bonito bosque, los animales estaban preocupados con su futuro y se reunían para charlar. Las aves volaban por el cielo, vieron lo que estaba ocurriendo y después vinieron a contarles.

Decía un papagayo:

— ¡Creedlo! ¡En el bosque hay muchos lugares con fuego!
— ¡Pero no es sólo eso! Hay lugares en que los hombres están derrumbando losanimales árboles. ¡Después de colocar la madera en grandes camiones, ellos hacen fuego en el terreno! — un tucán añadió.
— ¡Qué horror! — exclamaban los bichos aterrorizados, oyendo con tristeza.
— ¡El humo invade todo y muchos mueren sofocados! Las aves y los animales están desesperados. ¡Desalojados, vinieron para acá a buscar ayuda!… — el mono completó, acomodado en una rama.
El león, rey de la selva, quedó pensando. Después preguntó:
— ¿Alguien tiene alguna sugerencia para resolver esta grave situación, que coloca en riesgo nuestras casas y la vida de la selva?
La tortuga levantó la patita y sugirió:
— ¡Sugiero que el elefante llene su trompa con agua y la tire sobre el fuego para apagarlo!
— ¡No digas tonterías! Incluso con una trompa grande, ¿cómo hacer para llenarla de nuevo? ¡Mientras voy hasta el río y vuelvo, el fuego se extenderá en todo! Además de eso, no soluciona la cuestión del desmantelamiento — el elefante respondió.

Leer mas….

Todos estuvieron de acuerdo. El venado arriesgo un palpite:
— ¿Y si fuésemos hasta allí para charlar con los hombres y explicar la situación?
— Ellos nos matarían para vender nuestra piel — replicó el tigre, lamiendo el pelo.
Cada uno dio una idea diferente, siempre rechazada por los demás. Desanimados, estaban ya a finales de la reunión, cuando el búho habló:
— Yo sé como resolver esos problemas.
— ¿Sabes? — Preguntó el león, interesado — ¡Pues entonces decidlo! ¿Cuál es la solución?
El búho, que es muy sabio, hinchó el pecho y dijo:
— Pues bien. Si fueran vosotros que estuvieran practicando esos crímenes, ¿qué podría hacerlos parar? ¿Cuál sería el argumento más fuerte?
Los animales se callaron, pensando en la respuesta. Finalmente, tuvieron que confesar ignorancia.
— ¡Diga luego, doña búho! ¿Quiere matarnos de aflicción?… — rugió el león.
El búho abrió aún más los ojos, hizo una pose y respondió:
— ¡Es simple! Cada uno de nosotros preserva con mucho amor a su familia, defendiéndola de todos los peligros y deseando lo mejor para ella, ¿no es?
— ¡Sí! ¡Eso nosotros ya lo sabemos! ¿Pero cual es la conexión con nuestra cuestión de supervivencia? ¡Finalmente, los hombres van a acabar llegando hasta nosotros! — replicó el león, preocupado.
— ¿No lo notan? ¡Si protegemos nuestra familia, ellos también protegen las familias de ellos! Si consiguiéramos que los niños, que son más sensibles, nos defiendan, mostrando la importancia de la preservación de la selva para la vida de todos, habremos resuelto el problema de la destrucción. ¡Basta saber quién va a hablar con los hijos de ellos!
— ¡Eso mismo! ¡Tiene razón! ¡Viva el búho!… — gritaban todos en algazara.
Sabían donde encontrarlos. Los hombres residían en villas próximas a la región del desmantelamiento. Los ojos del león brillaron. Los demás bichos también quedaron más alegres. El rey de los animales indagó quienes irían a hablar con los niños.
— ¡El papagayo, ya que es el único que habla la lengua de ellos! – sugirió el búho.
Así resuelto, el papagayo, como embajador de los bichos, levantó vuelo y fue hasta la villa. Llegando allá, encontró a los niños jugueteando. Les contó sobre lo que estaba ocurriendo con los animales, les habló sobre la destrucción de la selva, el incendio que se arrastraba por todo lado, amenazando la vida de todos los habitantes de la selva. Y concluyó:
— Cuando los hombres destruyan toda la floresta, no habrá más vida: todos los animales, pájaros e insectos perderán sus casas y no tendrán donde vivir.
Los niños, atentos y amorosos, oyeron preocupados. Después, fueron buscar los padres, a quienes contaron lo que estaba ocurriendo.
Fausto, el dueño de la empresa y responsable por el desmantelamiento, respondió:
— ¡Pero, vosotros no corréis peligro! ¡El peligro es sólo para los animales!
— ¡No, papá! — Afirmó Lúcia, hija de Fausto, con la aprobación de las otras — ¡Con lo que vosotros estáis haciendo destruyen “nuestro” mundo! ¿Cuándo acaben con él, como vamos a vivir? ¡El aire está lleno de humo y yo ni consigo respirar bien! Cuando destruyáis todo, ¿qué será de nosotros? Porque ya derrumbaron otros bosques y van a continuar destruyendo otros más. ¿Y qué será de nuestro planeta? ¡Tenemos que cuidar del medio ambiente, de la naturaleza, papá!…
Las madres también adhirieron al movimiento y, tanto los niños y las madres explicaron, lloraron y oraron, suplicando el amparo de Jesús, que Fausto acabó por reconocer que ellas estaban con la razón.
— ¡Todo bien! ¡Todo bien! ¡Vosotros ganasteis! ¡Basta de llanto!…
Los niños se pusieron la aplaudir en el pego de los padres, gritando de alegría y satisfacción. El papagayo voló para la claridad de la selva, donde los animales aguardaban la respuesta:
— Los niños lo consiguieron. ¡Ellos son nuestros amigos! ¡Estamos salvados!… Viva! Viva!…
Y, en aquella noche, todos en la floresta conmemoraron la victoria. Ellos sabían que la conquista no era de un lado o de otro, pero de todos, pues quién ganaría era el planeta Tierra.
Había mucho por hacer. Fausto reunió sus hombres y ordenó medidas para contener el fuego. Después, ellos irían a cuidar del reflorestamiento de la región y todo lo malas que fuera necesario.
La paz había vuelto a la selva y todos agradecieron a Jesús y a lo niños que los ayudaron.

MEIMEI

(Recebida por Célia Xavier de Camargo, em Rolândia-PR, em 27/02/2012.)

Traducción de la revista O Consolador

¿DÓNDE ESTÁ DIOS CUANDO MÁS LO NECESITAMOS?

Dondeestadios¿Cómo está mi pequeño?,¿va a ponerse bien?,¿cuándo lo podré ver?. El cirujano dijo:

-Lo siento: hicimos todo lo que estuvo en nuestro alcance.
Sally dijo, consternada:
-¿Por qué a los niños les da cáncer? Es que acaso Dios ya no se preocupa de ellos? “Dios” ¿dónde estaba cuando mi hijo te necesitaba?.
El cirujano dijo:
-Una de las enfermeras saldrá en un momento para dejarte pasar unos minutos con los restos de tu hijo antes de que sean llevado a la Universidad.
Sally pidió a la enfermera que la acompañara mientras se despedía de su hijo. Recorrió con sus manos su cabello rojizo. La enfermera le pregunto si quería conservar uno de los rizos. Sally aceptó. La enfermera cortó el rizo, lo colocó en una bolsita de plástico y se la dio a Sally.
Sally dijo:
-Fue idea de Jimmy donar su cuerpo a la Universidad para ser estudiado. Dijo que podría ayudar a alguien más. Eso es lo que él deseaba. Yo al principio me negué, pero él me dijo “Mami, no lo usaré después que me muera, y tal vez ayudará a que un niño disfrute un día más junto a su mamá. Mi Jimmy tenía un corazón de oro, siempre pensaba en los demás y deseaba ayudarlos como pudiera.

Leer mas….

Sally saló del hospital Infantil por última vez, después de haber pasado ahí la mayor parte de los últimos 6 meses. Colocó la maleta con las pertenencias de Jimmy en el asiento del auto, junto a ella. Fue difícil conducir de regreso a casa, y más difícil aun entrar a una casa vacía. Llevó la maleta a la habitación de Jimmy y colocó los autos de miniatura y todas sus demás cosas junto como él siempre las tenía. Se acostó en la cama y lloró hasta quedarse dormida, abrazando la pequeña almohada de Jimmy. Después cerca de la media noche y junto a ella había una hoja de papel doblada. Abrió la carta, que decía:
-Querida mami: Sé que vas a echarme de menos, pero no pienses que te he olvidado o he dejado de quererte, solo porque ya no estoy ahí para decirte TE QUIERO MAMÁ. Pensaré en ti cada día, mamita, y cada día te querré aún más. Algún día nos volveremos a ver. Si deseas adoptar a un niño para que no estés solita, podrá estar en mi habitación y podrá jugar con todas mis cosas. Si decides que sea una niña, probablemente no le gustará las mismas cosas que a los niños, y tendrás que comprarle muñecas y cosas de esas. No te pongas triste cuando pienses en mí: este lugar es grandísimo. Los Ángeles son muy amistosos y me encanta verlos volar. Jesús no se parece a todas las imágenes que vi de Él, pero supe que era Él tan pronto como lo vi. ¡Jesús me llevó a ver a Dios! ¿Y que crees, mami? Me senté en su regazo y le hablé como si yo fuera alguien importante. Le dije a Dios que quería escribirte una carta para despedirme y todo eso, aunque sabía que no estaba permitido. Dios me dio papel y su pluma personal para escribirte esta carta. Creo que se llama Gabriel el ángel que te la dejará caer. Dios me dijo que te respondería a lo que le preguntaste: ¿Dónde estaba El cuándo yo lo necesitaba?.
Dios dijo: En el mismo lugar que cuando Jesús estaba en la cruz.
Estaba junto ahí, como lo está con todos sus hijos. Esta noche estaré en la mesa con Jesús para cenar. Sé que la comida será fabulosa. Casi olvido decirte…Ya no tengo ningún dolor: el cáncer se ha ido. Me alegra, pues ya no podía resistir el dolor y Dios no podía resistir verme sufrir de ese modo, así que envió al ángel de la Misericordia para llevarme. ¡El Ángel me dijo que yo era una Entrega Especial!
Firmado con amor, de: Dios, Jesús y Yo.

EL ÁRBOL DEL DESEO

Una vez un hombre estaba viajando y entró al paraíso por error. En el concepto indio del paraíso, hay árboles que conceden los deseos. Simplemente te sientas bajo uno de estos árboles, deseas cualquier cosa e inmediatamente se cumple no hay espacio alguno entre el deseo y su cumplimiento.

El hombre estaba cansado, así que se durmió bajo un árbol dador de deseos. arbol
Cuando despertó, tenía hambre, entonces dijo: “Tengo tanta hambre! Ojala pudiera tener algo de comida”. E inmediatamente apareció la comida de la nada simplemente flotando en el aire, una comida deliciosa.

Tenía tanta hambre que no prestó atención de dónde había venido la comida. Cuando tienes hambre, no estás para filosofías. Inmediatamente empezó a comer y la comida estaba tan deliciosa!Una vez que su hambre estuvo saciada, miro a su alrededor. Ahora se sentía satisfecho. Otro pensamiento surgió en él: “Si tan sólo pudiera tomar algo!” Y por ahora no hay ninguna prohibición en el paraíso, de modo que de inmediato apareció un vino estupendo.

Mientras bebía este vino tranquilamente y soplaba una suave y fresca brisa bajo la sombra del árbol, comenzó a preguntarse: “Que está pasando? ¿Estoy soñando o hay fantasmas que están jugándome una broma?” Y aparecieron fantasmas feroces, horribles, nauseabundos. Comenzó a temblar y pensó: “Seguro que me matan!” Y lo mataron.

Leer mas….

Esta es una antigua parábola, de inmensa significación. Tu mente es un árbol dador de deseos: pienses lo que pienses, tarde o temprano se verá cumplido. A veces, la brecha es tan grande que te olvidas por completo que lo deseaste, de modo que no puedes reconocer la fuente. Pero si observas profundamente, hallarás que todos tus pensamientos te están creando a ti a tu vida. Crean tu infierno, crean tu cielo. Crean tu desgracia y tu alegría, lo negativo y lo positivo… Cada uno es aquí un mago. Cada uno está hilando y tejiendo un mundo mágico entornos de sí mismo,,, y luego es atrapado. La araña misma es atrapada en su propia tela. No ha nadie que te torture excepto tú mismo, Y cuando se comprende esto, las cosas comienzan a cambiar.

Entonces puedes modificarlo, transformar tu infierno en cielo; sólo se trata de pintarlo con una visión diferente… toda la responsabilidad es tuya. Y entonces surge una nueva responsabilidad: puedes dejar de crear el mundo. No hay necesidad de crear ni en el cielo ni en el infierno, no hay ninguna necesidad de crear nada. El creador puede descansar, jubilarse. Y la jubilación de la mente es la meditación.

CUENTO DE NAVIDAD

ConsejosHace muchos años en la isla de Hokkaido, vivía el joven Humi, que se ganaba el sustento picando piedras. Aunque joven y sano, no estaba contento con su destino, y se quejaba día y noche. Humi, pese a no conocer bien el cristianismo, sabía que, según su tradición, al menos una vez al año se satisfacían los deseos de la humanidad. Así, un día de Navidad rezó con mucha fe y, para su sorpresa, se le apareció un ángel.

– Tienes salud y toda una vida por delante – le dijo el ángel – . Todos los jóvenes deben empezar a a hacer algo. ¿Por qué vives quejándote?
– Dios ha sido injusto conmigo y no me ha dado la oportunidad de llegar lejos – respondió Humi.
Preocupado, el ángel se presentó ante el Señor para pedirle ayuda y que su protegido no terminara por perder su alma.
– Que se haga tu voluntad – dijo el Señor. Como es Navidad, todo lo que desee le será concedido.
Al día siguiente, Humi estaba picando piedras cuando vio pasar un carruaje que llevaba a un noble cubierto de joyas. Pasándose las manos por el rostro sucio y sudoroso, dijo con amargura:
– ¿Por qué no puedo ser noble yo también? ¡Ese es mi destino!
– ¡Así sea! Murmuró su ángel con gran alegría.

Leer mas….

Y Humi se convirtió en dueño de un suntuoso palacio y de muchas tierras, rodeado de sirvientes y caballos. Salía todos los días con su impresionante cortejo, y le gustaba ver a sus antiguos compañeros, mirándolo con respeto. Una tarde, el calor era insoportable, incluso bajo su parasol dorado. Humi sudaba como en los días en que picaba piedras. Se dio cuenta entonces de que no era tan importante como pensaba: por encima de él había príncipes, emperadores, y más alto todavía estaba el Sol, que no obedecía nadie, pues él era el verdadero rey.
– ¡Angel mío! ¿Por qué no puedo ser el Sol? ¡Ese debe ser mi destino! – se lamentó Humi
– ¡Que así sea! – exclamó el ángel, ocultando su tristeza ante tanta ambición.
Y Humi fue el Sol, como era su deseo.
Mientras brillaba en el cielo, maravillado con su gigantesco poder para hacer madurar las cosechas o quemarlas a su voluntad, vio un punto negro que comenzaba a avanzar a su encuentro.La mancha oscura fue creciendo y Humi se dio cuenta de que era una nube que se extendía a su alrededor y le impedía ver la Tierra.
– ¡Angel mío! –gritó Humi- ¡La nube es más fuerte que el Sol! ¡Mi destino es ser nube!
– ¡Así sea! – respondió el ángel
Se convirtió en nube y vio realizado su sueño.
– ¡Soy poderoso! – gritaba, oscureciendo al Sol.
– ¡Soy invencible! – tronaba, siguiendo a las olas.
Pero en la costa desierta del océano se erguía una inmensa roca de granito, tan vieja como el mundo.Humi pensó que la roca le desafiaba y desencadenó una tempestad como el mundo no había visto jamás. La solas, enormes y furiosas, golpeaban la roca, intentando arrancarla del suelo y lanzarla la fondo del mar.Pero, firme, la roca continuaba en su sitio.
– ¡Angel mío! –sollozaba Humi- ¡La roca es más fuerte que la nube! ¡Mi destino es ser roca!
Y Humi se convirtió en roca.
– ¿Quién podrá vencerme ahora? –se preguntaba- ¡soy el más poderoso del mundo!
Y así pasaron varios años, hasta que una mañana Humi sintió una punzada aguda en sus entrañas de piedra, seguida de un profundo dolor, como si una parte de su cuerpo de granito estuviese siendo lacerada.Enseguida oyó unos golpes sordos, y de nuevo un inmenso dolor. Loco de espanto gritó:
– ¡Angel mío, alguien está intentado matarme! ¡Tiene más poder que yo, quiero ser como él!
– ¡Así sea! – exclamó el ángel llorando.
Y así fue como Humi volvió a picar piedras.

UNA SONRISA TRAS LA TAPIA

Visitando una leprosería en una isla del Pacífico me sorprendió que, entre tantos rostros muertos y apagados, hubiera alguien que había conservado unos ojos claros y luminosos que aún sabían sonreír y que siempre decía   «gracias» cuando le ofrecían algo.

facesEntre tantos «cadáveres» ambulantes, sólo aquel hombre se conservaba
humano.

Cuando pregunté qué era lo que mantenía a este pobre leproso tan unido a la vida, me dijeron que lo observara por las mañanas.

Y vi que, apenas amanecía, aquel hombre acudía al patio que rodeaba la leprosería y se sentaba enfrente del alto muro de cemento que la rodeaba. Y allí esperaba… esperaba… hasta que, a media mañana, tras el muro, aparecía durante unos cuantos segundos otro rostro, una bella mujer que se paraba al frente y le sonreía con una hermosa y amplia sonrisa. Entonces el hombre respondía a esa sonrisa, sonriendo también.

Luego, la mujer desaparecía y el hombre, iluminado, tenía ya alimento para seguir soportando una nueva jornada y para esperar a que, al día siguiente, regresara el rostro sonriente.

Era su esposa. Cuando lo arrancaron de su pueblo y lo trasladaron a la leprosería, la mujer lo siguió, y se instaló a vivir en el pueblo más cercano a la leprosería. Y todos los días acudía para continuar expresándole su amor. «Al verla cada día – me dijo el enfermo – sé que todavía vivo.»

Muchos viven gracias a tu sonrisa, a tus palabras, a tu esperanza, al cariño que les puedas dar. No bajes los brazos. No dejes de sonreír y de tratar bien a los demás.

¿CUÁNTOS AÑOS TIENES?

Cuentan que en tiempos de la antigüedad había un sabio que con su sabiduría irritaba al rey del lugar. Entonces el rey fue a conocerlo.rey

Cuando lo vio, lo primero que le preguntó fue: “¿Cuántos años tienes?”  (por aquello de que la sabiduría tiene que ver con la edad).

A lo que el sabio respondió: “No sé”.

Esto puso al rey fuera de sí porque interpretó que el sabio estaba riéndose de él. Entonces gritó: “¡Cómo que no sabes cuántos años tienes!!!! ¿Te estás burlando de mí?”.

A lo que el sabio respondió serenamente: “No, señor. Los años que tengo son para mí los que me falta vivir y no los que he vivido, los que he vivido ya no los tengo, por lo tanto, no sé cuántos años tengo.”

MOGO Y LA FIESTA SIN SENTIDO

fiestaCierto hombre, llamado Mogo, acostumbraba a considerar la Navidad una fiesta sin sentido. Según él, la noche del 24 de diciembre era la más triste del año, porque muchas personas se daban cuenta de lo solas que estaban, o recordaban a la persona querida que había muerto aquel año.

Mogo era un hombre bueno. Tenía una familia, procuraba ayudar al prójimo y era honesto en sus negocios, Sin embargo, no podía admitir que las personas fuesen tan ingenuas como para creer que un Dios había bajado a la Tierra solo para consolar a los hombres. Siendo una persona de principios, no tenía miedo de decir a todos que la Navidad, además de ser más triste que alegre, también estaba basada en una historia irreal: un Dios transformándose en hombre.

Como siempre, en la víspera de la celebración del nacimiento de Cristo, su esposa y sus hijos se prepararon para ir a la Iglesia. Y, como siempre, Mogo decidió dejarlos ir solos, diciendo:

– Sería hipócrita de mi parte acompañaros. Estaré aquí esperando vuestro regreso.

Cuando la familia salió, Mogo se sentó en su silla preferida, encendió el hogar y empezó a leer los diarios de aquel día. Sin embargo, pronto fue distraído por un ruido en su ventana, seguido de otro, y otro.Pensando que alguien estaría jugando con bolas de nieve, Mogo se puso el abrigo y salió, con la intención de dar un susto al intruso.

Leer mas….

En cuanto abrió la puerta, notó una bandada de pájaros que habían perdido su rumbo por causa de la tempestad, y ahora temblaban en la nieve. Como habían notado la casa caliente, habían procurado entrar, pero al chocar contra el vidrio se habían hecho daño en las alas, y solo podrían volar de nuevo cuando estuvieran curadas.

“No puedo dejar a esas criaturas allí afuera” pensó Mogo “¿Cómo podría ayudarlas?” Fue hasta la puerta de su garaje, las abrió y encendió la luz. Los pájaros, no obstante, no se movieron. “Tienen miedo” pensó Mogo.

Volvió a entrar en la casa, cogió algunas migas de pan e hizo un caminito hasta el garaje calentado. Pero la estrategia no dio resultado. Mogo abrió los brazos, intentó conducirlos con gestos cariñosos, empujó delicadamente a algunos de ellos, pero los pájaros se pusieron más nerviosos aún, y comenzaron a debatirse, andando desorientados por la nieve y gastando inútilmente la poca fuerza que aún les quedaba.Mogo ya no sabía qué hacer.

– Debéis estar viéndome como una criatura aterradora – dijo en voz alta – ¿Será posible que no entendáis que podéis confiar en mí?

Desesperado, gritó:

-¡Si yo tuviera ahora la oportunidad de transformarme en pájaro, sólo por algunos minutos, veríais que estoy realmente queriendo salvaros!

En este momento tocó la campana de la iglesia, anunciando la medianoche. Uno de los pájaros se transformó en ángel y preguntó a Mogo:

-¿Ahora entiendes por qué Dios necesitaba transformarse en hombre?

Con los ojos llenos de lágrimas, arrodillándose en la nieve, Mogo respondió:

-¡Perdóname ángel. Ahora entiendo que sólo podemos confiar en aquellos que se parecen a nosotros, y pasaron por las mismas cosas que nosotros pasamos.

¿POR QUÉ LA GENTE GRITA?

Un día Meher Baba preguntó a sus mandalíes lo siguiente:niño

-¿Por que la gente se grita cuando están enojados?

Los hombres pensaron unos momentos:

-Porque perdemos la calma – dijo uno – por eso gritamos.

-Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? – preguntó Baba

– No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?

Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía a Baba.

Finalmente él explicó:

-Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.

Luego Baba preguntó:

– ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran?

Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.

Baba continuó

– Cuando se enamoran más aún, qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aun más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.

Luego Baba dijo:

-Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.

ARREGLANDO EL MUNDO

areglandomundoUn científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para reducirlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lugar. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle, con el objetivo de distraer su atención. De repente se encontró con una revista en donde venía el mapa del mundo ¡Justo lo que precisaba!.

Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: -“Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto, para que lo repares sin ayuda de nadie”.

Entonces calculó que al pequeño le llevaría días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente. -“Papá, ya hice todo, conseguí terminarlo”. Al principio el padre no dio crédito a las palabras del niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes.

Leer mas….

Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?

-Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lograste armarlo?

-Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era. “Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta la hoja y vi que había arreglado al mundo…”